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La habilidad de Zapatero

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Y mientras tanto, el PP debatiéndose en fulanismos, en cómo conservar las pequeñas parcelitas de poder y sin afrontar la catarsis tras la derrota

Es verdad que cuando el viento está a favor, todo es más fácil y se navega mucho mejor. El haber ganado las elecciones el pasado 9 de marzo ha hecho que Zapatero estuviese “sobrado” en el debate de investidura celebrado la pasada semana.

El que tuviera que esperar a una segunda votación para resultar elegido tiene el significado y la importancia política que tiene, que tampoco es mucha. Porque, al final, Zapatero va a ser el Presidente del Gobierno durante los próximos cuatro años y tiene a su disposición el BOE, que es lo que te da verdadero poder.

En mi artículo de la semana pasada me planteaba el interrogante de si estamos ante una “nueva etapa” política presidida por una menor crispación entre los dos grandes partidos nacionales y por acuerdos en las cuatro o cinco grandes cuestiones: economía, lucha antiterrorista, política exterior, educación, o si las cosas van a seguir igual.

A tenor de lo escuchado, tanto a Zapatero como a Rajoy en el citado Debate de Investidura, si parece que nos encontramos ante un intento de que las cosas no sigan por la senda por la que transcurrieron en la pasada legislatura. Pero hay una diferencia sustancial e importante: el primero lo puede hacer desde una posición cómoda después de haber ganado las elecciones. Sin embargo, el líder del PP está en una postura de gran debilidad, tanto interna como externa.

Ya puede Rajoy repetir todos los días las veces que quiera que ha tenido unos magníficos resultados, que ha subido 400.000 votos y seis escaños, que si es honrado consigo mismo, el final de esa argumentación sólo puede ser uno: Mariano, he perdido las elecciones. Y además, en la opinión pública, en muchos votantes del PP, se va instalando la impresión de que con él de candidato, el PP no ganará al PSOE dentro de cuatro años.

Por eso, Zapatero tiene ahora un comienzo de legislatura enormemente cómodo: de forma inteligente no ha forzado la máquina de los pactos con los nacionalistas para su investidura y además tiene enfrente a un muy debilitado líder de la oposición. El único frente que le puede traer de cabeza al Presidente del Gobierno es el de la crisis económica y sus efectos directos en el bolsillo de los ciudadanos.

Con su poderosa máquina mediática, con un aparente alejamiento de los nacionalistas más extremos y antipáticos –léase ERC- y con tres o cuatro guiños a la oposición, Zapatero puede ocupar dentro de muy poco tiempo, el centro, el centro-izquierda, la izquierda y lo que haga falta. De momento, con la composición de su nuevo ejecutivo, ya se ha permitido tener tres gestos muy “zapateriles”: nombrar por primera vez a una mujer, Carmen Chacón, ministro de Defensa; tener a la ministra más joven de todos los anteriores gobiernos y que, también por primera vez, haya más mujeres que hombres sentadas en torno a la mesa del Consejo de Ministros. ¿Quién da más?

Y mientras tanto, el PP debatiéndose en fulanismos, en cómo conservar las pequeñas parcelitas de poder y sin afrontar la catarsis que se necesita después de haber perdido por segunda vez consecutiva unas elecciones generales.