Jueves 21/09/2017. Actualizado 13:01h

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Tribuna libre

La honradez se les suponía

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Basta asomarse a las referencias de las sesiones de control parlamentario para comprobar que de lo único que hablan nuestros políticos es de transparencias, de declaraciones de la renta, de dimisiones y de que no tienen nada que ocultar.

Los niños pequeños presumen de papás. El papá de uno es el más alto, el de otro es el que manda más, el papá del de más allá es el más guapo, el que más corre o el que más goles mete.

Algo así debería pasar con los políticos. Yo soy el que mejor gestiona la cosa pública, yo el que saca más partido a los impuestos, yo el que hago una oposición más atractiva para los ciudadanos, yo el que propongo mejores iniciativas para combatir el paro, yo el que consigue que todos los españoles tengan una vivienda digna, yo el mejor preparado y con el mejor equipo para cuando tenga que gobernar, yo el que mejor se maneja en los organismos internacionales...

Pues nada de eso. Basta asomarse a las referencias de las sesiones de control parlamentario para darse cuenta de que lo único de lo que hablan nuestros políticos es de transparencia, de yo no tengo nada que ocultar, de usted no publica sus papeles, de yo sí publico los míos, de usted tiene que dimitir, de su marido tiene un negocio, de su hermano prevarica o de este partido no tiene nada que ocultar.

Aquí no se sabe qué pasa con las labores propias de un Gobierno o con las tareas normales en una oposición.

Que a estas alturas Pérez Rubalcaba pida la dimisión del presidente del Gobierno con el argumento de que no puede resolver los problemas que, según el socialista, él mismo ha creado, suena a tercer acto de sainete malo.

Que la contestación de Rajoy sea el razonamiento de que la oposición no tiene fuerza moral para opinar porque Pérez Rubalcaba no ha presentado su declaración de la renta también suena a acto de sainete.

El resultado es la sensación de que la política sirve para todo menos para hacer la verdadera política, la que sirve a los ciudadanos, la que intenta arreglar y solucionar los problemas que tiene España. En fin, lo normal.

Después, unos y otros hablan de desafección hacia la clase política. Una clase política que solamente se ocupa y se preocupa de la transparencia, de los fraudes, de los insultos, de las dimisiones y de las declaraciones de la renta de unos y otros.

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