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Los huevos de Rajoy

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Por fin Mariano Rajoy ha puesto los dos huevos tan esperados en su partido, en el Partido Socialista y en el resto de los partidos.

Por fin Mariano Rajoy ha puesto los dos huevos tan esperados en su partido, en el Partido Socialista y en el resto de los partidos. Todos esperando y Rajoy presumiendo de que ‘ya tengo los nombres, pero ni siquiera lo saben los elegidos’.

Por fin Mariano Rajoy, ha dado a luz los nombres de los portavoces de su partido en el Congreso de los Diputados y en el Senado. Soraya Sáenz de Santamaría en la Carrera de San Jerónimo y Pío García Escudero en la Plaza de la Marina Española.

Vamos a suponer que era verdad; ni Soraya Sáenz de Santamaría ni Pío García Escudero lo sabían, no sabían que iban a ser nombrados para puestos importantes. Naturalmente ellos no se han postulado en ningún momento y cuando Rajoy ha anunciado sus nombres ante los dirigentes populares han dicho aquello tan evangélico de: ‘¿acaso soy yo?’. Y sin tiempo para reflexionar se han apresurado a aceptar.

Hay que reconocer que las cosas se han hecho mal, por más que en Génova quieran vendar la burra vieja de que Mariano Rajoy mide los tiempos. En democracia también los partidos, su funcionamiento interno, han de ser democrático, o, al menos parecerlo.  No se puede decir yo designo, yo decido, yo nombro y además yo solito, sin consultar a nadie y sin que lo sepa nadie.

Lo que es una falta de respeto a los militantes y a los votantes del partido y, no digamos nada, a los propios colaboradores, quieren convertirlo en una virtud. Se alaba como discreción lo que no es más que una ausencia total de democracia interna, y se elogia como una virtud política lo que nos es discreción, sino puro absolutismo.

También está la falta de oportunismo político. Quizá haya sido un error desaparecer de la escena política durante dos semanas y dejar toda la iniciativa a los otros partidos. Posiblemente sea un error, pero a lo mejor no ha habido otra alternativa y los problemas internos en el Partido Popular son de más calibre de lo que se quiere aparentar.

Pero, en cualquier caso, hay que guardar las formas aunque sea mínimamente. No cuesta tanto decir ‘voy a proponer’ en vez de anunciar ‘ya lo he decidido’. Y además los dos portavoces comenzarían su labor bastante más reforzados.

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