Lunes 05/12/2016. Actualizado 16:38h

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Tribuna libre

La incertidumbre de Solbes y el desasosiego de Rajoy, que quiere cuanto antes la investidura. Sólo Zapatero mantiene la serenidad

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Con la ayuda de Botín, Zapatero ha devuelto la confianza, no solamente a la economía española, a la europea y a la mundial, sino también a la planetaria. Lástima que Pedro, Solbes haga la guerra por su cuenta. Rajoy, por su parte, quiere asegurarse el puesto.

Las incertidumbres también tienen su encanto y hasta su “puntito” de morbo. Aunque Botín siempre tiene el capote dispuesto, el quite que ha hecho esta vez al presidente del Gobierno ha sido de los de vuelta al ruedo. Debería andar Rodríguez Zapatero preocupado con las intervenciones públicas de Solbes. El vicepresidente económico no es excesivamente optimista y ya se sabe lo sensible que es el dinero, de ahí que el quite del banquero sea histórico.

Tampoco el comisario Almunia ha contribuido a calmar los bolsillos y es que no se sabe nunca cómo acertar en esto de la economía, y las palabras como incertidumbre las carga el diablo.

El optimismo de Zapatero tiene algo de contagioso, y seguro que a estas horas la tranquilidad reina en la inmensa mayoría de los hogares europeos, y no digamos nada en las casas de los españoles ahora que todos -fundamentalmente los andaluces- van a tener viviendas dignas gracias a Manuel Chaves que está en todo.

Pero si el presidente del Gobierno reparte optimismo, la flamante ministra de la vivienda ya no se sabe qué es lo que reparte. La señora Chacón distribuye alegremente cifras y porcentajes que ya los quisiera para sí el mismísimo Botín. Eso de los treintas por cientos, y las llegadas a final de mes, y los apretamientos de cinturón ha supuesto que a muchos españoles se les saltaran las lágrimas de emoción. Y es que cuando una ministra pisa el suelo de la calle y sabe de verdad lo que ocurre es enternecedor.

Estamos en la eterna duda y lo mejor para disipar recelos es coger el toro por los cuernos, que es lo que ha hecho Mariano Rajoy con el morlaco de la sucesión en el Partido Popular, que hasta Fraga se había permitido el lujo de meter incertidumbres entre los radios de la carreta. Pues se acabó. Ya mismo me proclamo candidato y, además, las listas serán las que yo diga y las que convengan al presidente del partido que soy yo. Eso es democracia interna y lo demás son tonterías. Al menos don Mariano es sincero y no juega a eso de las primarias que siempre son un engorro.

Este septiembre es el de no saber a qué atenernos y de qué va la historia. Son demasiadas incertidumbres. Moratinos no nos da fecha para que nos devuelvan Gibraltar y eso es una lata. Jordi Pujol hace dudar a los catalanes si van a la huelga fiscal o se van al partido de las selecciones catalanas. Durán no quiere ni oír hablar de huelgas y menos de selecciones, y hasta se enfada y dice que en una de estas se marcha y deja a Convergencia sin la Unión.

Los augures dudan del número de votos que se llevará Rosa Díez a su nuevo “piso político” y de qué casa los rebañará.

Después de lo de Argelia, en los nuevos pisos que va a poner Chaves se duda si colocar calefacción de gas o eléctrica, que tras los apagones también es como para que haya incertidumbres. Con las subidas de precios ya hay dudas de que los niños vengan con un pan debajo del brazo porque a la cigüeña la chapata le va a costar un dinero. Y, para colmo, los gallegos ya dimiten sin la menor duda -que es lo más desconcertante- y se le va a Anxo Quintana su hombre de confianza, porque Touriño no debía de confiar tanto en él.

Duda la fiscal del 11-M de que se sepa nunca lo que pasó de verdad, y el ministro de Justicia nos hace dudar de su competencia como fiscal cuando nos dice que nunca se ha enterado del todo ni de todo. ¿Habrá dudado alguna vez Rodríguez Zapatero a la hora de nombrar ministros? Más incertidumbres.

Y es que todo en la vida española nos hace dudar. ¿Cómo no dudar de lo que uno pensaba de la dictadura franquista cuando el mismísimo Jordi Pujol nos anuncia que ahora hay más veneno anticatalanista que con Franco? Y ¿cómo no dejarse llevar de la incertidumbre a la vista de las declaraciones de Diego López Garrido cuando afirma que el Gobierno defenderá los intereses españoles en Argelia? No es que se dude de que el Gobierno hará eso, de lo que se duda es de si este hombre es el portavoz del Gobierno o el del Partido Socialista. Y es que las mezclas no son sanas.

De lo que no hay duda es del sentido del humor de Pío García Escudero. El responsable del Partido Popular en el Senado ha preparado una pregunta –cuando menos ingeniosa- para Rodríguez Zapatero que ha presumido de que ese eslogan del “Gobierno de España” se le ha ocurrido a él solito. García Escudero preguntará algo así: Señor Presidente, ¿cómo se le ha ocurrido llamar Gobierno de España al Gobierno de España? En lo que sí hay incertidumbre es respecto a la respuesta presidencial, sobre todo si no está cerca el capote de Emilio Botín.

Aquí ya dudamos hasta de las “chuches” que toman nuestros niños y que les hacen ser hiperactivos. Un sofoco. Ahora, antes de dar a un niño un chupa-chups o comprarle un paquete de palomitas, habrá que pasar por la consulta del psicólogo, que igual está hasta los topes de políticos cargados de incertidumbres.

Mira que si ni siquiera Rato se viera libre de dudas...