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Tribuna libre

La feria internacional de Arte Contemporáneo recupera su pasado glamuroso en el ‘Grand Palais’

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Los antiestéticos pabellones de la Porte de Versailles han quedado relegados este año a favor del espectacular Gran Palais donde, quizás, se despierten nuevas vocaciones de coleccionistas.

Este año, la Feria Internacional del Arte Contemporáneo recupera el glamour perdido en los impersonales y antiestéticos pabellones del Parque Ferial de la Porte de Versailles, cobijándose para su 33 edición bajo la espectacular vidriera del Grand Palais, a dos pasos de los Campos Elíseos, la Concordia, Montaigne o Faubourg-Saint-Honoré.   Eso sí, los 89 expositores elegidos para compartir este prestigioso marco, han tenido que ceñirse la cintura y apretarse los codos si querían compartir un espacio tan deseado. Para el resto de galerías invitadas, hasta 169, se ha dispuesto otro lugar único: la Cour Carré del Museo del Louvre. Han cambiado la magnífica vidriera por una vulgar lona de plástico, pero cuentan con más espacio.   Con este nuevo encuadre, quizás despierten nuevas vocaciones de coleccionistas entre los visitantes ocasionales. El comisario general de la FIAC, Martin Béthenod, y su directora artística, Jennifer Flax, se habían planteado el reto de internacionalizar esta feria, acusada de “excesivamente francesa”. Los galeristas extranjeros han respondido a la invitación y representan más de la mitad de los stands. Entre los galeristas parisinos ha levantado más de una ampolla, sobre todo entre los que han tenido que dirigirse a las ferias paralelas, no menos interesantes, para hacerse ver: “Show off”, “Slick” o “DIVA”, ésta consagrada exclusivamente al arte numérico y el vídeo.   Como transición entre el Louvre y el Grand Palais, los jardines de Tullerías acogen quince esculturas monumentales. Desde un submarino soviético del ruso Alexander Ponomarev, a las banderas nacionales recreadas por el cubano Wilfredo Prieto, pasando por dos gigantescos luchadores de sumo rosas del escocés David Mach.   En todo caso es una buena ocasión para apreciar por dónde soplan los vientos de la creación artística, si es que a todo lo que se presenta se le puede llamar arte.

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