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Tribuna libre

La internacionalización agrava la guerra civil de Siria

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La deriva islamista de la insurrección siria plantea serios problemas a las potencias occidentales dispuestas a apoyar a los rebeldes.

Hace unas semanas leí un curioso artículo que hacía un para mí inesperado paralelismo entre el actual conflicto sirio y la guerra civil española. Lo único que se me había ocurrido antes era el temor de que la contienda se alargase en virtud de la cooperación extranjera.

Tampoco podía prever entonces la magnitud del éxodo provocado, que amenaza desestabilizar a países vecinos, especialmente Líbano, donde la antigua intervención siria estuvo a punto de destruir el país. En estos momentos, el número de los desplazados alcanza cifras espeluznantes: más de 1,3 millones, con un aumento mensual de unos 200.000. Como señala Le Monde, en su editorial del 14 de abril, los refugiados en Jordania serían a fin de año la quinta parte de la población de ese pequeño país...

Por si fuera poco, se difunden estos días noticias, procedentes de diplomáticos occidentales cubiertos por el anonimato, sobre el empleo de armas químicas contra la población civil. Como se recordará, era la "línea roja" que estableció el presidente Obama, y secundaron François Hollande y David Cameron. Tal vez, las actuales informaciones busquen presionar a Washington, para que se decida a intervenir. Sólo que ha coincidido con la confesión oficial del Frente Al Nosra, uno de los principales grupos rebeldes, de su adhesión a la red de Al Qaeda, y de su objetivo de establecer un Estado islámico en Siria. En realidad, se sabía desde hace meses, cuando Ayman Al Zawahiri declaró la yihad contra el régimen sirio, Irán e Israel...

Cuando la Secretaría de Estado norteamericana incluyó en 2012 a este grupo en el elenco de organizaciones terroristas, la decisión fue calificada como injusta por otros rebeldes islámicos –salafitas, hermanos musulmanes‑ o no confesionales. Está por ver su reacción en estos momentos, pues Al Nosra no ha cesado de crecer en su capacidad de coordinar acciones bélicas en Siria.

Se pide ahora al Consejo de seguridad de la ONU que intervenga contra Al Nosra. Pero no parece que tampoco esta vez se pueda alcanzar una resolución, por el veto de alguna de las grandes potencias.

La deriva islamista de la insurrección siria plantea, de otra parte, serios problemas a las potencias occidentales dispuestas a apoyar a los rebeldes, incluso en el plano militar, como afirmaba no hace mucho el presidente francés. No tendría sentido hoy, aunque solo sea por la fatwa emitida por el imán salafita sirio, de origen jordano, Yasir al-Ajlawni: es lícito violar a cualquier mujer siria no sunita. El edicto está en You Tube, al parecer en términos inequívocos, basados en preceptos del Corán sobre esclavas de fe no musulmana: se puede capturar y tener relaciones sexuales con mujeres alauitas (la secta de Assad) o cristianas, y en general, con no sunitas.

Entretanto, Siria se va sumiendo en el caos, con los demoledores bombardeos del ejército gubernamental, y las acciones descontroladas de milicias armadas y auténticas bandas criminales. A las matanzas de civiles indefensos se une la progresión del hambre en muchas zonas del país, sin que resulte nada fácil la cooperación humanitaria internacional. Además, crece el terrorismo en la propia capital, que alcanza a barrios cristianos de Damasco, pero también a drusos y chiitas.

Rusia e Irán siguen enviando abundantes medios militares en apoyo del presidente Bachar Al Asad. Y continúa la dispersión de los rebeldes, ayudados por las "petromonarquías" del golfo pérsico, tras el embargo de armas occidental. El país está asolado por esa especie de "todos contra todos", que afecta más negativamente aún a los cristianos. No faltan quienes afirman que el actual yidahismo se habría evitado con una intervención internacional en los primeros momentos ‑como contra Gadafhi‑, pero la evolución de Libia abona cierto escepticismo.

Desde luego, las intervenciones extranjeras, protagonizadas hoy sobre todo por países de la región, alarga un conflicto, con miles de víctimas, al que no se ve salida. La fragmentación ha arrumbado por completo el movimiento por la paz y la reconciliación "Mussalaha", una iniciativa espontánea de la sociedad civil lanzada a mediados de 2012 por miembros de las diversas comunidades étnicas y religiosas, cansados ​​de la guerra y partidarios de evitar la intervención militar extranjera.

“Somos
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