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La magia del cine nunca morirá

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Después de 38 años dirigiendo los destinos de la industria norteamericana del cine, Jack Valenti se despedía en marzo de 2004 de la presidencia de la Motion Picture Association of America (MPAA), la organización que integra a las grandes productoras cinematográficas. Coincidía su despedida con la presentación de los resultados del sector, que en 2003 habían sido buenos y mantenían la tendencia de crecimiento en facturación y beneficios de los años precedentes, sostenidos sobre todo por los ingresos provenientes de las ventas de DVDs, que duplicaban a los de taquilla. En este escenario de crecimientos económicos, el único dato negativo era precisamente el de asistencia a salas de cine, que había descendido casi un 4% respecto al año anterior. Al presentar estos resultados, que evidenciaban la pérdida de peso relativo de la asistencia a salas en el consumo total de cine por otros medios, Valenti ponía todo el ardor que le ha hecho legendario, en la defensa de la experiencia cinematográfica como algo imperecedero que sobrevivirá a todos los equipamientos domésticos, a los cambios tecnológicos y a las transformaciones en los hábitos de consumo. “Como vengo repitiendo sin fin y con total certeza —explicaba dirigiéndose a un público integrado por representantes de las grandes compañías de cine-, lo que vosotros ofrecéis a los consumidores es una experiencia épica y una aventura social fascinante que es imposible de duplicar en las casas: sentarse en teatros, grandes pantallas rasgadas de luminosidad, la sensualidad del sonido digital y compañeros desconocidos con los que compartir de manera entusiasmada una sola noche y todo ello en respuesta al talento de artistas del cine que pueden hacerte reír o llorar o mantenerte en suspense. Incluso aunque en un futuro las familias pudieran disponer de los mayores avances tecnológicos para ver cine en sus hogares, nunca será lo mismo que la alquimia emocional que se genera en una sala de cine. El deseo humano de ser entretenido no tiene edad ni cambia con el tiempo ni puede ser limitado. Es un activo que debe ser custodiado como un tesoro”. Justo un año después, en marzo del 2005, su sucesor al frente de la MPAA, Dan Glickman, volvía a insistir en el mismo concepto al presentar los datos del sector en el año anterior, que también manifestaban un ligero descenso en el número de asistentes a salas de cine. Glickman había acudido a Jack Valenti a la hora de preparar su intervención y Valenti le había aconsejado: “Diles que el cine sigue reinando, que la asistencia a salas de cine permanece por razones poderosas y que a pesar de la afluencia de alternativas —la televisión, el cable, el satélite, los DVDs y el home video y la creciente competencia de Internet-, los americanos siguen yendo al cine”. Algunos de los datos más relevantes del sector confirman la visión positiva de Valenti y Glickman. Por ejemplo, el número de personas que van con frecuencia al cine ha aumentado en 2004 un 12% respecto al año anterior y el consumo de cine en salas por parte de niños y jóvenes entre 8 y 18 años no sólo no ha descendido como consecuencia de la proliferación de reproductores de DVD, canales de televisión de pago y videoconsolas, sino que por el contrario ha aumentado considerablemente en los últimos cinco años. Por otra parte, los norteamericanos siguen respaldando los grandes títulos que conectan con valores familiares. En 2004, los cinco títulos de mayor éxito fueron Shreck 2, Spider-Man 2, La Pasión de Cristo, Los Increíbles y Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, muy en línea con las tendencias de las décadas anteriores. De hecho, los cinco títulos de mayor éxito desde 1968 han sido películas para todos los públicos: Titanic, Star Wars, Shreck 2, ET y Spider-Man. “Los que van al cine —concluye Glickman-- votan valores familiares con sus pies, respondiendo con entusiasmo a las películas de voluntad mayoritaria que produce la industria… No sólo vais a verme a mí y a la MPAA trabajar duro para recordar a nuestros clientes —y a los políticos de Washington–el prodigio del cine; voy a decirle a Washington y a cualquiera que quiera escucharme, que la fortaleza de esta industria consiste en producir entretenimiento filmado para todas las audiencias, para todos los públicos, con historias y atractivo para la mayoría de la gente”.