Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Otra manifestación

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Aunque desde la llegada del Partido Socialista al poder, las manifestaciones se han quedado algo pasadas de moda y ya no son lo que eran, sigue celebrándose alguna que otra y alguna que otra tiene su repercusión en la ciudadanía -que se dice ahora- independientemente de que esa repercusión no tenga el reflejo mediático -que también se dice ahora- que debería. Me refiero a una manifestación a la que, de momento, han asistido más de un millón cien mil ciudadanos. Y digo de momento porque aún siguen llegando manifestantes. Esa cifra, de las más grandes en la clasificación de manifestaciones, seguro que será tenida en cuenta por el Presidente del Gobierno, que tan atento estuvo siempre, fundamentalmente desde la oposición y en sus primeros y presurosos días de en la Moncloa, a descubrir tras las pancartas la voluntad nacional. Todos esperamos que el señor Rodríguez Zapatero atienda como es debido la voluntad de ese millón y pico de manifestantes. Son manifestantes correctos, educados, que no rompen semáforos, ni vuelcan coches, ni llevan bufandas tapando el rostro, ni destrozan cajeros, ni levantan barricadas, ni que se sepa siguen el "prontuario para el manifestante progre" del afamado "cojo Manteca". Son simplemente ciudadanos que piden que se respete su derecho a recibir clase de religión. Un millón ciento doce mil firmas han llegado estos días a la Moncloa -y sigue la campaña de recogida- solicitando del Presidente del Gobierno poder ejercer su legítimo derecho a que sus hijos reciban la educación que ellos quieren, en este caso, que se respete el derecho de los españoles que así lo deseen a recibir clase de religión.

Todo lo dicho anteriormente era pura ironía. No se engañen ustedes. Hay un elevadísimo tanto por ciento de posibilidades de que el señor Rodríguez Zapatero no haga el más mínimo caso a los manifestantes.

Él, tan dado a tomar el pulso a la sociedad por distintos métodos sociométricos y que incluso permite que el portavoz de su partido en el Congreso diga sin sonrojarse que el primer partido de la oposición, que tiene diez millones de votos y 140 escaños, "está solo", seguro que en este caso no sólo no va a tomar el pulso a nadie sino que ni siquiera le va a mirar a los ojos.

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