Jueves 29/09/2016. Actualizado 11:16h

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Tribuna libre

Unos tanto y otros tan poco

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Según he podido leer en prensa estos días, Alejandro Sanz cobra unos 35 millones de las antiguas pesetas por cada actuación en un gran recinto. 210.000 euritos sólo por cantar, porque el resto de los gastos del espectáculo los afronta quien contrata la actuación. Esto significa que entre el 1 y el 5 de agosto el artista podría embolsarse unos 104 millones de pesetas. Suponiendo –que no tiene por qué ser así- que se mantenga el caché estimado del artista en las actuaciones españolas de esa semana y, que sean todas en grandes recintos. Imaginando que ofrezca, por ejemplo, unos 30 temas por concierto, Sanz cobraría más de un millón de pesetas por canción. O, si lo prefieren, más de 6.000 euros por cada cuatro minutos de deleite de la audiencia con su característica voz rasgada. A veces pienso que por ese dinero hasta un simio afónico nacido antes de la Edad de Bronce podría cantar el ‘Corazón Partío’ exactamente igual que Alejandro Sanz.

 

Bisbal, -un tipo español oculto bajo unos rizos rubios como el sol, salido de una academia de canto de dudoso prestigio y generalmente rodeado de agitadas y ordinarias quinceañeras-, cobra 63.000 euros por concierto. Es decir, en torno a unos diez millones de pesetas. Lo cual no está mal para llevar dos o tres años en esto de ‘la música de élite’.

 

Este verano, Sanz y Bisbal, son los dos artistas mejor pagados de España. Que no los mejores. La situación es tremendamente injusta. Y si no lo creen observen: El gran Antonio Vega cobra 18.000 euros por actuación, mientras que el complejo publicitario Fran Perea recibe más de 30.000 euros por concierto. Hay motivo para entristecerse. Fran Perea es un recién llegado al mundo de la música, es un producto salido de la exitosa serie Los Serrano. Perea no puede ni debe equiparar su carrera  a la de Antonio Vega. Ni en lo objetivo, ni en lo musical, ni en lo económico. Antonio Vega desde 1980 no ha dejado de demostrarnos por qué es uno de los artistas más valorados y respetados del país. Fran Perea desde el año pasado no ha logrado demostrar nada. Salvo que, por desgracia, Los Serrano es una de las series más influyentes del momento.

 

Hay quien dice -probablemente con razón- que Fran Perea es simplemente una persona inteligente. Se le presentó la oportunidad de ganar una buena suma de dinero –además de abrirse una carrera en un nuevo ámbito artístico- y sin hacer nada más que ‘actuar’ y aceptó sin dudarlo. Lo demás se lo están dando todo o casi todo preparado. Así que una vez más la culpa no es de Fran Perea, sino de quien provoca esa situación y quienes la aceptan gustosamente.

 

Se dice que España siempre ha sido un país injusto y desagradecido en lo referente a valorar a sus propias estrellas. Sin duda, el hecho de que haya grupos de enorme calidad y muchos años de experiencia actuando por 1% del caché de Bisbal, confirma todo esto.

 

Injustos o no, quienes tienen la capacidad de decidir en cada ayuntamiento, en cada festival o en cada sala de conciertos quien actúa y quién no, son los que deben meditar. Por mi parte, sigo estando seguro de que si tuviese que elegir un gran grupo español para ofrecer un buen concierto en directo, entretenido, animoso, popular y divertido, no lo dudaría: pagaría el caché Fran Perea a Seguridad Social. Si no, que les pregunten a los miles de asistentes al concierto del grupo valenciano de la semana en Santiago de Compostela. Quien dice Seguridad Social, dice también Danza Invisible, El Canto del loco, Los Limones, Burning o muchos otros. Lo malo es que ni J. M. Casañ de Seguridad Social, ni Javier Ojeda de Danza Invisible, ni Johny de Burning, son tan ‘guapos’ como Fran Perea. Ni actúan en una serie de televisión de éxito nacional. Si no, otro gallo cantaría y Los Serrano sería una serie mucho más interesante. ¿Se imaginan a un Fran Perea que interpretase ‘Comerranas’ en su habitación en hora de máxima audiencia de Los Serrano? Yo no.