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Vosotros y vosotras

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La incógnita está en ver hasta qué punto Rodríguez Zapatero se va a plegar a las exigencias de un partido, el PNV, que ha perdido las elecciones.

Es la película –más bien coñazo- de todos los años por Pascua de Resurrección. Lástima que el ‘vosotros y vosotras’ del lehendakari no sea tan entretenido como el musical de Broadway, ‘Ellos y Ellas’, que dirigió Samuel Golwyn y que protagonizaron Frank Sinatra y Jean Simmons. La verdad es que sólo se parecen en el título.

Aunque pudiera pensarse que Ibarretxe aludía en su discurso del Aberri Eguna, a todos y todas los vascos y vascas, con ese ‘vosotros y vosotras’, a quienes en realidad se estaba dirigiendo era a los simpatizantes y simpatizantas, militantes y militantas del Partido Nacionalista Vasco.

Conviene hacer la matización, porque todos los partidos nacionalistas tienen la tendencia a amalgamar en su partido a todos los ciudadanos que viven en su respectiva autonomía y, eso, no es así.

Tan no es así que el PNV ha perdido, en las pasadas elecciones generales, 150.000 votantes y ha dejado de ser el primer partido en el País Vasco. Es decir, que la mayoría de los vascos -o de los ciudadanos que allí tienen derecho a voto- no se sienten incluidos entre esos ‘vosotros y vosotras’ con quienes el PNV -por boca de su presidente Iñigo Urkullu- va a dar ‘un paso de gigante’ en el camino de que los vascos decidan su futuro político.

El Aberri Eguna, de este año, ha olido a huida hacia delante de los actuales dirigentes del PNV y tiene un cierto tufillo a que quieren ocupar el lugar que ahora tiene la ETA en las negociaciones.

Que va a haber negociaciones lo dicen todos incluidos, muy explícitamente, dirigentes del socialismo vasco que no hablan de la derrota de la banda terrorista, sino de su desaparición. Desaparición significa –se quiera o no- negociación y si la ETA y el Gobierno de Rodríguez Zapatero negocian, el Partido Nacionalista Vasco se queda de convidado de piedra. Por eso se ofrecen sin el menor sonrojo para apoyar al futuro Gobierno.

Lo divertido de está situación, está en que Rodríguez Zapatero no necesita más que siete escaños para la mayoría y que esos escaños los puede conseguir sin el menor esfuerzo y que –gran paradoja- el PNV que necesita colaborar más que el comer, se permite el lujo de poner condiciones, como hicieron el domingo Ibarretxe y Urkullu.

Así las cosas, la incógnita está en ver hasta qué punto Rodríguez Zapatero se va a plegar a las exigencias de un partido que ha perdido las elecciones, que no necesita para nada y que quiere tener voz y voto en la desaparición del terrorismo.

Vistos los antecedentes del presidente del Gobierno, lo más seguro es que siga jugando a todos los paños: que negocie –más o menos abiertamente- con la ETA; que admita la colaboración del PNV y que coloque en Madrid a algunos prebostes del Partido Socialista de Euskadi para que –militantes como Ramón Jáuregui- mantengan el orden en el socialismo vasco.

Mientras tanto, el lehendakari seguirá a lo suyo. Hablará –ahora con menos énfasis- de su plan, de su referéndum y de los derechos de los vascos y vascas. Se dirigirá a esos ‘vosotros y vosotras’ como si lo hiciera a la sociedad vasca en pleno, y aquí paz y después gloria.

Lo que pasa es que la ETA no está muy por lo de la paz, como demostró en Calahorra, y desde Interior se teme una oleada de atentados. Pero tampoco es de prever que las bombas cambien la forma de actuar de Rodríguez Zapatero.