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Por si alguien lo dudaba después de oír el miércoles la arenga de Zapatero a sus huestes parlamentarias, en la que no tuvo un minuto para reflexionar sobre la economía española, la crisis está entre nosotros.

El rosario de concursos de acreedores en el sector inmobiliario, al que se van sumando empresas de subcontratas y servicios y suministros; las dificultades de refinanciación de algunas empresas como Martinsa-Fadesa; el episodio tragicómico de Colonial; las declaraciones de Miguel Blesa sobre el miedo que inspiran las cajas a la hora de financiarse por su concentración de riesgos en el sector inmobiliario; la caída de recaudación del IVA consecutiva en enero y en febrero, en cuantía en torno al 8 %, y un prolongado etcétera de síntomas, no son un pour parler de casino o club financiero, son datos objetivos que llegan a todos con meridiana claridad.

Curiosa circunstancia ésta en la que Pedro Solbes hereda de sí mismo un legado mucho peor del que recibió del gobierno anterior. No es de extrañar que se resista a reconocerlo, pero es así. Y lo es, en parte, porque las conveniencias políticas y la coyuntura, y no la falta de indicios suficientes,  le han impedido actuar con energía, cuando todavía se podían salvar los muebles, aunque supusiera reconocer, de facto, que existían nubarrones en el horizonte.

Las soluciones no son fáciles, ni van a tener, por muy rigurosas que se plantearan, un efecto balsámico a corto plazo. Las soluciones son fundamentalmente financieras, ya que el Gobierno parece que descarta las sugerencias interesadas del G-14 de actuar con medidas fiscales. Y con la banca hemos topado.

Lo ha dicho Miguel Blesa con una crudeza poco usual entre los del gremio. Una cosa es la solvencia de las entidades y los rating y otra cosa demostrar que los porcentajes desmesurados de concentración, más del 40% del crédito en la banca y del 60% en las cajas comprometidos con los ladrillos, tienen una justificación financiera y no son fruto de calentones especulativos, de gestiones amigocéntricas y localismos cegatos. Lo veremos pronto. No más allá de las cuentas del segundo trimestre, el sector bancario tendrá que descubrir sus debilidades y, aunque la tentación de los gestores será minimizar los estragos, difícilmente podrán justificar algunas carteras crediticias e incluso, algunas carteras de inversiones directas.

La crisis ha venido, como la primavera, sin saber cómo ha sido. Al menos eso tendrá que decir el Gobierno.