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El “menazo”

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Es difícil pensar que el Teniente General Mena dijera lo que dijo en Sevilla sin tener pleno conocimiento de las consecuencias de sus afirmaciones, tanto a nivel personal como en la vida política española. Un militar de su trayectoria sabe muy bien lo que supone "meterse en política". Parece ser que se vio sorprendido por el "eco mediático" de su discurso pero también eso era previsible. En cualquier caso, la repercusión ha sido enorme pero desmesurada. Ha ocurrido que, más que el discurso del Teniente General, lo que ha producido la alarma es lo que cada uno se ha imaginado que podría haber detrás, precisamente porque es impensable que "no haya nada detrás". Y por eso se han producido reacciones desmesuradas que van desde calificar el discurso de golpe de estado, hasta hablar de grave descontento en el seno de las fuerzas armadas. Ni ha habido golpe de estado, ni en las fuerzas armadas hay un descontento al menos generalizado. Los militares españoles saben muy bien cual es el papel que les asigna la Constitución y que, en cualquier caso, ese papel -si hubiera que ejercerlo- sería siempre de forma subordinada y bajo mandato del poder civil. Después pueden llegar las rasgadas de vestiduras -más o menos hipócritas- o los cabildeos en voz baja tanto en los partidos como en los cuarteles o en la opinión más caracterizada, pero la realidad es la que es y lo que hay son unas declaraciones desafortunadas e inoportunas que, además, ya han tenido su respuesta. Pero el problema es el trasfondo y las bambalinas que nos hablan de la política desafortunada de un Gobierno que no sabe lo que quiere ni a dónde pueden llevarnos las concesiones a los nacionalistas. Cataluña, el País Vasco y Galicia están en un momento delicado y los partidos nacionalistas negocian con un Gobierno débil, no porque sea débil, sino porque su única forma de permanecer en el poder es "tragar" lo que venga de esos nacionalistas. Intentan camuflar la realidad, hacer como que dicen que no, y atemperar pretensiones excesivas pero en este momento político, todos saben a qué carta se está quedando Rodríguez Zapatero y cuál es su capacidad de movimiento en una negociación concreta. El tira y afloja de la negociación del estatuto catalán desgasta al más pintado y además da pie a que salgan voces disonantes, con lo que el ambiente político se enrarece aún más. Los partidos se tiran los trastos del discurso a la cabeza y todos acusan a todos. Con eso se arregla poco, porque el problema no son las afirmaciones del Teniente General Mena sino el contexto político que ha provocado sus poco afortunadas palabras. Los intereses de unos y otros están exagerando la realidad de las cosas. La democracia española, aunque muchos no quieran verlo, está lo suficientemente asentada para que un Teniente General diga ciertas cosas y no ocurra nada más que su arresto o su cese, pero el problema es lo que hay detrás o, más concretamente, lo que muchos piensan que puede haber detrás.