Miércoles 07/12/2016. Actualizado 12:04h

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Tribuna libre

Para ser ministro de Defensa

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El Ejército se rige por escalafón, el mando se ejercita desde jerarquías. También eso merece un respeto. No se trata de feminismo, se trata de capacitación.

En el carnet de identidad de un militar, en el apartado de profesión, figura la palabra funcionario. Sin embargo, los militares son unos funcionarios con unas características muy especiales que no se deben obviar. La carrera militar es fuertemente vocacional, a pesar de los ímprobos esfuerzos que se han hecho por soslayarlo. La mentalidad militar implica necesariamente un profundo sentimiento de amor a la Patria, de espíritu de servicio, de sacrificio, de abnegación, de altruismo y de tantos otros valores sin los cuales no se podría entender la vida casi siempre dura y difícil del estamento militar.

El lema “Todo por la patria” responde a una realidad que anida en lo más profundo de los corazones de los miembros de nuestros ejércitos, dispuestos a dar la vida en defensa de España, de su integridad y de su libertad. Por ello, la sociedad les debe un agradecimiento especial, porque cada una de las personas que componen las fuerzas armadas españolas, han comprometido su existencia en protegernos a todos. El himno a los caídos refleja la esencia del altruismo inherente a la condición militar: “Por la Patria morir fue su destino, querer a España su pasión eterna, servir en los Ejércitos su vocación y sino”… 

A aquellos que con esa entrega nos sirven les debemos el respeto y la sensibilidad de proporcionarles la máxima ayuda en el desempeño de sus funciones, la máxima empatía y sinergias para trabajar, que quienes gestionen desde la Administración sus competencias, lo hagan con conocimiento y con involucración emocional.

El Ejército se rige por escalafón, el mando se ejercita desde jerarquías claramente definidas. También eso merece un respeto. No se trata de feminismo, se trata de capacitación. Hoy en día cualquier mujer puede llegar a la más alta graduación y tener a su mando a miles de personas, pero para llegar hasta ahí ha de hacer el recorrido profesional requerido. Un ministro, al que se designa arbitrariamente, obviamente no ha de someterse a esas normas militares, pero lo mínimo que se merecen nuestros soldados es que aquellos ante los que se tienen que cuadrar crean en ellos, en su trabajo, en su vocación, que conozcan y entiendan el espíritu castrense y que, además de tratar de realizar la mejor gestión administrativa, tengan la firme voluntad de contribuir a su prestigio y reconocimiento social.

Por ello, sería de desear que el primer gesto de la nueva ministra de Defensa – cuya relación con los cuarteles intuyo ha sido escasa- para simbolizar su fidelidad y defensa de la bandera y de la patria, fuese jurar bandera.