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Del nacimiento de la televisión a la TDT

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Todo tiene un pasado, incluida la televisión. Su historia es similar a la de cualquier otro invento. Nació de la conjunción de varios descubrimientos y sus continuos avances la fueron perfeccionando. Ahora, la digitalización va a revolucionar el concepto que tenemos del medio. Cada avance se corresponde con un hito histórico y con una exigencia de cambio de la mentalidad del público. Si a Paul Nipkow se le atribuye la creación de la primera televisión mecánica, a John L. Baird se le considera el padre de la actual televisión. Fue en la década de los 20 cuando éste británico consiguió, por primera vez, transmitir electrónicamente unas imágenes desde un aparato emisor a otro receptor. En España, las emisiones experimentales comenzaron en 1949, pero no será hasta octubre de 1956 cuando se regularicen las emisiones de Televisión Española. El inicio de la televisión fue todo un acontecimiento para una sociedad que, acostumbrada a la radio como principal medio en los hogares, la concebía como un espectáculo similar al cine: un medio que tenía que ser consumido en una sala, en reunión con otras personas e inmersos en la oscuridad. En los 60, el uso de satélites convirtió a la televisión en un instrumento de cobertura internacional. Millones de telespectadores del todo el mundo podían seguir en directo un determinado acontecimiento. Un ejemplo paradigmático es la retransmisión de la llegada del hombre a la Luna en 1969. Una vez que se generalizó su uso y se acomodó en los hogares españoles como un medio de consumo familiar, surgió la televisión en color. A nuestro país, este avance no llega hasta finales de los años 60. Supuso el “apagón” de la televisión en blanco y negro y la consiguiente renovación del parque de receptores. El realismo impresionó a unos telespectadores que ya se habían acostumbrado a la escala de grises. Por último, para la historia de la televisión en España, otro paso crucial fue la ampliación de la oferta y la aparición de la competencia. En los 80, comenzaron a emitir las primeras televisiones autonómicas y, en 1990, lo hicieron las privadas. Este incremento de la oferta tuvo como consecuencia la aparición del fenómeno del zapping. La audiencia se enfrentaba a un panorama televisivo que le exigía decidir qué quería ver y no sólo si quería o no ver la televisión, como ocurría durante el período del monopolio público televisivo —TVE 1 y TVE 2-. Además, la existencia de un canal de pago -Canal +- también requería un cambio de mentalidad importante. Había que convencer a la sociedad española de que pagase por un servicio que hasta ahora había recibido de forma “gratuita”. Hasta aquí llega la historia. Hoy comienza el futuro. El siguiente paso es la digitalización. La Televisión Digital Terrestre (TDT) supone tanto un avance tecnológico como una nueva exigencia de cambio de la actitud de los telespectadores. La TDT es ya una realidad. Todas las cadenas nacionales emiten simultáneamente en digital y analógico desde abril de 2003. También están emitiendo nuevos operadores exclusivamente digitales, como Veo TV y Net TV. Para recibir esta señal, sólo hay que incorporar al televisor un descodificador. Nada más. No hay que cambiar la antena, no hay que subscribirse a nada. Más aún, en unos años no habrá ni que adquirir el descodificador, puesto que los nuevos receptores ya serán televisores digitales integrados. Esta nueva tecnología permite un mejor aprovechamiento del espacio radioeléctrico. Los canales ocupan menos, por lo que la oferta se multiplicará. Cada cadena dispondrá de varios canales. Así, Tele 5 ya ha anunciado que uno de sus canales se especializará en programación infantil. La TDT es un gran negocio, ya que no sólo aporta más variedad, sino también una mayor calidad de imagen y de sonido y la oferta de servicios interactivos. Además de emitir canales en abierto, ofrecerá otros servicios que serán de pago, como la descarga de juegos, compras, chat o el “video bajo demanda” —similar al pay per view, pero que permite al telespectador ver el producto audiovisual cuando quiere y con todas las facilidades del DVD (volver atrás, pausar, ralentizar, etc.)-. En resumen, la ventaja de este nuevo sistema para los operadores consiste en la diversificación del negocio y la consiguiente reducción de su independencia respecto de los niveles de audiencia y de los ingresos publicitarios. Por su parte, los telespectadores serán más activos. No sólo tendrán que decidir entre una mayor oferta, sino que se verán interpelados a participar. La interactividad requiere su respuesta y la televisión se convierte en un medio bidireccional. La Televisión Digital Terrestre es una gran oportunidad. Debería ser la solución definitiva a la falta de pluralismo y de calidad. Éste es el gran reto. Las cadenas ya están preparadas. El “apagón analógico” debe producirse cuanto antes. La historia de la televisión es la historia de un gran invento, a pesar de que muchos la llamen la “caja tonta”. Es el momento de que sus responsables demuestren que la TDT no es la “Televisión Definitivamente Tonta”, sino, como reza el lema de la campaña promocional de Antena 3 y Tele 5, la “Televisión Definitivamente Tuya”.