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Tribuna libre

¿Para qué necesitan los 25 a Turquía?

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El para qué necesita Turquía a la UE es bien comprensible: podrá entrar en Europa con libertad absoluta, y solucionar así numerosos problemas. Entre ellos, el asunto del paro interno, con la creación de nuevos empleos a costa del aumento del número de desempleados en diferentes naciones europeas. Siendo un país atrasado, en comparación con Europa desde luego, se beneficiará de las grandes inyecciones financieras a largo plazo. Y, por último, tendrá en sus manos la tácita conquista musulmana del coto europeo de la religión cristiana.

 

No soy el único que tiene estas ideas sacrílegas. El ex presidente de Francia e ideólogo de la Constitución Europea, Valery Giscard D'Estaing, advierte a sus conciudadanos en términos muy similares sobre el peligro que implica la adhesión de Turquía: “Se encuentra fuera de Europa, en la frontera con Irak, aparte de que este país pobre con un increíble potencial demográfico va a requerir ingentes inyecciones financieras por parte de la UE”.

 

El ingreso de Turquía, según el ex presidente galo, significaría el fin de Europa. Justo en este párrafo, a mi modo de ver, Giscard D'Estaing se corta por razones de corrección política. Europa no llegará a su fin porque haya incrementado el paro ni porque tenga que asumir un nuevo lastre financiero, la Europa cristiana desaparecerá a causa de la avalancha de musulmanes que se avecina, cosa que me atrevo a decir sin miramientos hacia lo políticamente correcto.

 

Giscard D'Estaing y el autor de estas líneas no somos los únicos que rechazan tal perspectiva rotundamente. Un sinfín de ciudadanos europeos piensa igual. Según las encuestas, un 80 por 100 de los austríacos está en contra de que esa nación musulmana se incorpore al "club cristiano". Los austríacos, por cierto, conocen a los turcos mejor que nadie en Europa porque tuvieron un trato muy estrecho con ellos en los tiempos de Metternich, aunque "el viejo zorro", a la hora de explotar el factor turco en sus intrigas europeas, jamás tuvo intención de incorporar Turquía al imperio austríaco, si no recuerdo mal.

 

También es notorio el asunto del genocidio armenio. Los alemanes, como es sabido, reconocieron su culpa por el Holocausto. Es más: cada generación nueva en Alemania tiene vergüenza por lo que hicieron sus antepasados. Sin embargo, los turcos de hoy se resisten a admitir el hecho de que la masacre ocurrió, y se obstinan en afirmar que no hubo genocidio alguno.

 

Conste que los armenios no eran las únicas víctimas de las matanzas organizadas por los turcos en el pasado. En el siglo XIX, por ejemplo, tuvo amplias repercusiones la tragedia de Filipolis, localidad en que los turcos asesinaron a 12.000 búlgaros, incluidos ancianos, mujeres y niños. El episodio quedó confirmado totalmente en el transcurso de una investigación realizada por el Sr. Bering, secretario de la embajada británica en Constantinopla, y el drama de Filipolis provocó en aquella época una reacción muy violenta en Londres.

 

El líder de los whigs, Gladstone, publicó incluso un folleto titulado “Las atrocidades en Bulgaria y el problema del Este”, en el cual defendía la necesidad de liberar a Bulgaria, Bosnia y Herzegovina del yugo turco. "Sería la única retribución posible a la memoria de la multitud de muertos, a una civilización profanada y sumida en la deshonra, a las leyes de Dios -o de Alá, si quiere- y, por último, a la conciencia moral de la humanidad ", escribía.

 

Para la Comisión Europea que está negociando con Turquía el tema de la adhesión, son acontecimientos muy remotos y que no influyen en absoluto en la toma de esta decisión. Los miembros de la Comisión recuerdan solamente los sucesos de una época relativamente reciente, como la anexión turca de territorios griegos que, por cierto, permanecen ocupados hasta la fecha. La Comisión aplica una lógica sencilla: habrá que hacer borrón y cuenta nueva algún día. Claro que es muy tentador dejar atrás el pasado, pero éste, según demuestra la vida, siempre acaba alcanzando al presente y definiendo el futuro, lo quiera o no la Comisión.

 

Hay una gran suma de respuestas a la pregunta: ¿por qué la UE no debería admitir a Turquía? Solamente queda por averiguar para qué la quiere. Creo que la UE se está dejando llevar simplemente por las inercias: una, muy antigua; otra, reciente; y otra más, del presente.

 

La "antigua" se remonta a los tiempos en que Europa y Rusia estaban disputando el Estrecho de los Dardanelos, por ejemplo, durante la denominada Guerra Oriental (Guerra de Crimea). En aquel entonces se suponía que mandaba el que log