Sábado 10/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

El neoverticalismo

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Con los antecedentes de escandaloso pesebrismo por parte de nuestro sindicalismo, no es de extrañar que esta semana proliferen las huelgas en servicios públicos.

Es un lugar común que los sindicatos tienen un plus de representatividad social que en absoluto les corresponde. La afiliación sindical en España no llega al diez por ciento de los trabajadores, pero les adjudica una representación del cien por cien. Alquimia favorecida por la Ley Almunia.

La representación hipertrofiada tiene su explicación, como casi siempre, en el dinero, que a los sindicatos les entra directamente de los presupuestos del Estado y de las Comunidades Autónomas, pero también de los municipios.

Una elevada exacción que pagamos todos.

Prácticamente liquidado el sector público empresarial de Estado, donde habitaban el mejor de los mundos, con decenas de miles de representantes liberados de trabajar, pero no del sueldo, los sindicatos han encontrado su lugar al sol en organismos paritarios, como los consejos económicos sociales (CES) nacional y autonómicos, en el pujante mundo de las empresas públicas autonómicas y municipales y en cualquier otro búnker burocrático, como el gatuperio de los cursos de formación ( en este caso con la colaboración necesaria de empresarios). Todo por la pasta.

Uno de los sindicatos sarcásticamente llamados mayoritarios, UGT, además, recibe ingentes e interminables ayudas del Gobierno a cuenta de una estafa histórica llamada patrimonio incautado y generosos créditos públicos para tapar el efecto de su otra gran estafa, esta sancionada como tal por los tribunales, la de la cooperativa de viviendas PSV.    

Con estos antecedentes de escandaloso pesebrismo, no es de extrañar que esta semana preelectoral proliferen las huelgas en servicios públicos esenciales. Al final quien paga quiere sacar tajada también. Y en ello está el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con su adosado mitinero Cándido Méndez.

El presidente ha prometido recibirlos el día siguiente a las elecciones (si las gana) junto con una patronal, cuyos nuevos dirigentes no se sabe a qué juegan ni con quién juegan (aunque a esa ambigüedad ellos la llaman independencia y neutralidad). A este neoverticalato les agradecerá los servicios prestados. Contribuyentes españoles, ¡échense a temblar!

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