Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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Tribuna libre

La nueva Historia democrática

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Dicen que mientras unos pasean y ríen a pleno sol otras cantan y lloran entre barrotes. Así es la vida.

Dicen que mientras unos pasean y ríen a pleno sol otras cantan y lloran entre barrotes. Así es la vida. Dicen que es una injusticia como la copa de un pino. Dicen que todo es casual, que el presidente pasaba por allí, sin más, y que la vida está llena de sorpresas. Dicen y pasan página. Y llueve a chorros la salsa rosa. Pringosa, pegajosa, siniestra. La vergüenza nacional es que haya debates especiales –con grandes expertos culinarios- de mayonesa y ketchup a media mañana por la detención de una cantante y no los haya cuando realmente hay motivos. Pero no quiero sumarme al carro de los columnistas que han dado gracias a Dios por el regalo que supone una noticia así. No quiero hablar hoy de la detención de la cantante mientras esquivo los charcos de salsa rosa y mientras intento protegerme del humo. Humo, mucho humo, muchísimo humo. Ya escampará, ya habrá tiempo para hablar de esto si es que merece la pena decir algo.

Al fin y al cabo no han pasado ni 24 horas y todo ha terminado. 90.000 euros de fianza no son muchos más de los que la artista cobra por cada una de sus galas. En torno a 72.000 euros cobraba hace dos o tres años. 90.000 euros de fianza podría parecerse mucho sin embargo al precio de lo que cuesta una portada nada casual en todos los periódicos y revistas. Pero dejemos este cóctel tan español de folcore, política y delincuencia y cambiemos de tercio.

Viajemos a la televisión y a la historia. El golpe me lo llevé hace días y desde entonces tengo la chuleta guardada bajo la pluma. Me refiero a lo de Bisbal. A lo de Antena 3. A lo de Franco y Don Pelayo. No me digan que no se han enterado porque no les creeré. A la prensa zurda española le parece “sorprendente” –cuando no “inadmisible”- que un personaje como Francisco Franco figure entre los más “relevantes” de nuestra historia, en un concurso que organiza Antena 3 –y que ya se ha llevado a cabo en otros países- para seleccionar mediante votación popular “al español de la historia”.

En Alemania, por ejemplo, prohibieron votar a Hitler. Y tiene su lógica, porque antes de organizar un concurso como éste es necesario saber cuál es el objetivo. Si lo que se pretende es conmemorar y felicitar a un personaje español que haya hecho algo bueno en la historia, lo más acertado es que eliminemos a todos aquellos que han ejercido la violencia, la injusticia, el crimen, la traición, el robo y demás bajezas. Aunque también es verdad que, muy probablemente, después de la criba nos habrán quedado los futbolistas, algún torero ecologista, los bomberos, el sector más sonriente de la Familia Real y pocos más. Con este elenco de figuras el programa ya podría ser presentado por Cantizano, lo cual supondría una gran alegría en Antena 3 Televisión.

Por el contrario, si lo que se pretende es seleccionar al personaje más relevante de nuestra historia, sin concederle importancia a la bondad o maldad de sus acciones, no deberíamos eliminar de la lista a nadie que haya resultado realmente importante. Y nadie debería sorprenderse especialmente, por ejemplo, porque algún malhechor encabezara las categorías de la lista.

El concurso parte de un grave error, pues parece dar por supuesto que la decisión de una mayoría de votantes tiene algún interés o valor histórico. Quiero decir que el mero hecho de insinuar que el bajito de Los Del Río, por ejemplo, es “el español de la historia”, sólo porque ha sido el más votado en este concurso, es tanto como decir que en España no hubo una Guerra Civil sino setenta y cinco, sólo porque así lo ha decidido la mayoría en una votación democrática muy seria y rigurosa. Y es que la historia, como la ciencia y el conocimiento, no puede ni debe ser algo democrático. Si no aceptamos eso, luego pasa lo que pasa, y Villarriba decide excluirse del término municipal de La Villa y del resto del país, reinventando democráticamente su historia y diciendo que antes de que el primer español pusiera su hermoso pinrel sobre la piel de toro ellos ya hacían churrascadas por esta zona los fines de semana.

Supongo que en aquellos tempranos siglos habrán coincidido con David Bisbal, distinguido juglar medieval o ilustre músico renacentista. ¿Es que todavía no lo saben? Se lo cuento.

Mi verdadero asombro no es por el resultado de este programa, que todos nos lo podemos imaginar. No es difícil sospechar a quién votará la mayoría si vivimos en un país donde Crónicas Marcianas fue indiscutible líder de audiencia noche tras noche y donde un señor que se hizo famoso por comer excrementos de perro en televisión es todo un “héroe del espectáculo” al que hay que respetar y subvencionar. Lo que realmente me ha dejado con la boca abierta es que en la lista previa de un centenar de españoles “ilustres”, “históricos” o “relevantes” de todos los tiempos, junto a Cervantes, Cela, Isabel la Católica, El Cid, Di Stefano, el Rey, Santa Teresa de Jesús o Goya aparezcan sonrientes los rizos de David Bisbal sobre el resto del cantante. No acabo de ver la relevancia ni la importancia en un contexto histórico tan amplio.

Me cuesta aceptar la presencia de Sabina, Almodóvar o incluso la de Ferrán Adriá, pero la de Bisbal me ha dejado tonto. No entiendo por qué está él y no están Antonio Herrero, Enrique Urquijo o Pérez-Reverte. Esto ya parece el Museo de Cera de Madrid.