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Tribuna libre

Una oposición a remolque

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Hay quien opina que —precisamente por las circunstancias que se dieron en las pasadas elecciones generales- ni el PSOE se cree que está en el Gobierno, ni el P.P ha asumido su pase a la oposición. Ambas afirmaciones tienen mucho de verdad, sobre todo si juzgamos las formas de actuar de los dos principales partidos españoles. El Partido Popular ha entrado de lleno en el juego del Estatuto de Cataluña. Tras muchos meses de críticas —no al Estatuto, que también- sino al método e incluso a la necesidad de la reforma, ha presentado casi un centenar de enmiendas que, aún suponiendo un rechazo frontal al texto, no dejan de ser unas enmiendas basadas en el propio texto llegado del Parlamento de Cataluña y tan denostado en las propias filas populares. Hay quienes piensan en el propio Partido Popular que el miedo a quedarse fuera y al desgaste electoral que eso podría suponer, ha llevado a Mariano Rajoy a entrar en la batalla que es, sin la menor duda, lo que pretendían los socialistas. Ahora, el Presidente del Gobierno propone una entrevista con Rajoy y ya está escenificada una nueva llegada a La Moncloa, con lo que eso supone de “normalización” de la vida política. Las voces que en el propio PP se alzan contra esta política no son pocas. Se habla de un nuevo engaño, de una nueva claudicación y —lo que es más grave- de una política errática. Esa es la cuestión. El Partido Popular ha ido en toda la legislatura a remolque de las iniciativas socialistas. En pocas ocasiones ha obligado al Gobierno a ir a “contrapelo”, todo se les vuelve a los populares contrarrestar aspectos concretos de la marcha socialista o criticar algo que ya está en marcha. El recurso a las manifestaciones -que tanto éxito han tenido y que tanto han mermado al partido en el Gobierno- es una muestra clara de esa falta de iniciativa aunque pueda resultar paradójico. Ahora, con el Estatuto catalán, hubiera sido el momento de presentar un texto alternativo que fuera algo más que enmendar lo que ya había o —haber renunciado definitivamente a presentar ningún tipo de rectificaciones a un texto que se consideraba impresentable en todo su articulado. En el Partido Popular hay una reverencia excesiva a los costes electorales de las iniciativas que se puedan tomar y así es muy difícil hacer oposición. Es muy posible que el poder se les venga a las manos precisamente por la acción política del Gobierno de Zapatero, desastrosa, incoherente y desgraciada de todo punto y además que el Partido Popular llegue al poder porque habrá hecho oposición, pero algo más de iniciativa, de agresividad política y de oposición sin esperar los movimientos del PSOE, no vendría mal. Quizás el nuevo año debería aprovecharse para reflexionar en algunos despachos de Génova, darse cuenta de que están en la oposición y obrar en consecuencia.