Martes 06/12/2016. Actualizado 01:07h

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Tribuna libre

El pacificador no tiene mayoría absoluta

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Está claro que Rodríguez Zapatero quiere quitar el título de “El Pacificador” a Alfonso XII y alzarse con el sobrenombre tras conseguir la pacificación en el País Vasco. No se entiende más que en esa dimensión lo que está ocurriendo en estos días. Está empeñando en dialogar con ETA y en repartirse el pastel con Ibarretxe. Los dos, uno en Madrid y el otro en Vitoria, pasarían a la historia como los artífices del final del terrorismo en España.

 

El oscurantismo del que quieren rodear las negociaciones no presagia nada bueno. Aunque el señor Ibarretxe lo pretenda, no nos vamos a acostumbrar a no recibir información sobre lo que está pasando, sobre lo que se cuece a nuestras espaldas y, fundamentalmente, sobre el precio que todos -todos los españoles- vamos a tener que pagar.

 

Rodríguez Zapatero, ayudado por el aparato mediático de su partido, y por la timidez del Partido Popular, está consiguiendo que se olvide la forma y las circunstancias en las que accedió al poder. De la misma manera -y por los mismos cauces-  está logrando que nos olvidemos de que no tiene mayoría absoluta.

 

Las frases hechas y constantemente repetidas del “hemos ganado”, de los “ocho años de derechas”, del “gobierno de los derechos”, de la progresía , de la independencia frente a los Estados Unidos, del cumplir la palabra, etc., etc., están destinados a que parezca que el PSOE gobierna con mayoría absoluta tras una rotunda victoria. Esa mercancía de matute la admite hasta la cúpula del Partido Popular y, por supuesto, es jaleada convenientemente desde las instancias más interesadas de la opinión pública.

 

Pero no es verdad. El Partido Socialista ganó por poca diferencia y necesita los votos de otros partidos para mantenerse en la Moncloa y esa es la realidad que vivimos cada día con las bravuconadas de Ezquerra Republicana o con los planteamientos que se hacen desde el nacionalismo vasco.

 

Sería bueno que el Partido Popular se percatara de esa “pequeña” circunstancia y no se resignara a una oposición siempre a remolque. Es el PSOE quien marca de qué se habla, de qué se discute, cuándo se habla y cuándo se discute. Un torrente de situaciones anómalas cae a todas horas sobre la sociedad española: ataques a la familia, al matrimonio, leyes de inmigración que a nadie contentan, enfrentamientos internacionales, relaciones absurdas con países regidos por dictadores, planteamientos económicos desgraciados, batalla contra los católicos,...

 

En definitiva, primeros planos de la actualidad que, inmediatamente, son sustituidos por otros que desaparecen -con la misma velocidad que llegaron- tras cortinas de humo que no permiten recuperar el paso a la oposición que va a rastras.

 

El PSOE no tiene una mayoría absoluta pero se la impone a la sociedad que no se la dio en las urnas. Las negociaciones que se mantienen con Ibarretxe son un claro ejemplo y, mientras la oposición se limita a patalear, Rodríguez Zapatero sigue su camino para entrar en la historia como “el pacificador”.

Todos los españoles le vamos a pagar el diploma con el título y lo peor es que no sabemos lo que nos va a costar.