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Tribuna libre

La palabra y los Medios

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Hace algunos años, cuando me ocupaba de los contenidos de un operador de cable por entonces incipiente, recibí una carta de una señora anciana residente en Jerez, donde prestábamos servicio. La señora me daba las gracias por haber incluido en la oferta de canales distribuidos en su zona, un canal de contenido religioso que, según ella, le hacía mucho bien. Vivía sola, había padecido mucho, y los contenidos del canal, estrictamente religiosos, le ayudaban a superar cada día. Lo cierto es que el canal no se mantuvo mucho tiempo en nuestra parrilla de emisión. Para desgracia de nuestra amable clienta, los aficionados a otro tipo de contenidos eran muchos más y el espacio que ocupa cada canal cuesta un dinero por el que todos los que trabajan en este tipo de negocios deben velar, de manera que el canal religioso fue sustituido por otro de contenido sin duda más frívolo, pero con mayor demanda. Me venía este recuerdo a la mente mientras leía un artículo sobre la evolución de los contenidos religiosos en la televisión norteamericana, en la que la programación explícitamente religiosa ha estado presente prácticamente desde las primeras emisiones al igual que había sucedido antes en la radio. La “telepredicación” dio el salto de lo local a lo nacional al liberalizarse las emisiones vía satélite para todo el país, lo que propició el nacimiento de cadenas religiosas, algunas de las cuales han perdurado hasta nuestros días. Entre mediados de los setenta y principios de los ochenta se produjo el gran auge de los tele-predicadores, la mayoría de los cuales estaban fuera de las principales denominaciones cristianas. Este movimiento de ocupación de las ondas por parte de predicadores independientes, aparentemente con carisma y capacidad de atracción de masas, suscitó evidente preocupación entre quienes temían que los nuevos púlpitos electrónicos pudieran sustraer fieles y recursos de las iglesias convencionales, algunas de las cuales decidieron dar también el salto a los nuevos medios. Sus temores, sin embargo, eran infundados. Diferentes estudios pusieron de manifiesto que la audiencia de estos programas era pequeña y estaba integrada principalmente por personas que ya eran religiosas e iban a la iglesia antes de empezar a ver programación religiosa por la televisión. Efectivamente, dando un salto conceptual por encima del fenómeno puntual y limitado que representan los tele-predicadores norteamericanos, en declive tras varios escándalos sonados, podemos considerar que la televisión de contenido religioso tiene la doble misión de altavoz evangelizador que permite llevar la Palabra a los no iniciados, y de instrumento de confirmación para los creyentes, a los que refuerza en su fe. Evangelizar y confirmar. En España la experiencia de medios audiovisuales de contenido religioso no es abundante o, al menos, no lo es en la misma medida que en los EE.UU. Más allá de la programación religiosa contenida en la televisión de servicio público y en las emisoras de radio y televisión gestionadas por la Iglesia Católica, lo cierto es que la andadura de canales de radio o televisión de vocación eminentemente evangelizadora sigue siendo muy escasa. Lo cual no deja de ser sorprendente si tenemos en cuenta que la propia Iglesia Católica es titular de emisoras de radio y televisión cuyo contenido no puede encajarse dentro de la conceptualización genérica de radio o televisión religiosas. Como ejemplos de canales católicos plenamente dedicados a emitir programación de contenido religioso, podemos citar la experiencia de “Radio María” y el canal internacional EWTN, de la Madre Angélica, que actualmente se distribuye en español a través de las redes de cable de nuestro país. Considerando en su conjunto tanto los programas de contenido religioso de las televisiones generalistas como la corta experiencia de los canales dedicados, tengo la impresión de que la eficacia de unos y otros no se aleja demasiado de la alcanzada en los EE.UU.. Estos canales y programas no llegan realmente a públicos nuevos, no son herramienta de conversión y captación de nuevas almas o, al menos, no lo son en la medida que pretenden sus promotores, sino más bien actúan como herramientas de confirmación, como decía antes, de los ya creyentes. Puede parecer que esta misión es de menor rango que la original de “id y predicad” evangélica, pero igualmente evangélica es la misión de confirmar a los hermanos en la fe. Además de púlpito, la televisión puede ser también vehículo de transmisión de valores cristianos. Este concepto está detrás de los canales de entretenimiento familiar de “inspiración cristiana”, al estilo de “The Family Channel”, ya desaparecido, y de programas de entretenimiento general, series y películas, que incorporan estos valores. Los canales plenamente religiosos y los canales de entretenimiento “cristiano” representan dos mundos diferenciados en lenguaje, formatos y objetivos. Españarepresenta en estos momentos un caso singular. No es fácil saber qué lugar ocupa en este contexto la COPE (y su cadena de televisión asociada, Popular TV), que desde la transición política se ha visto “obligada” a asumir en primer plano misiones más relacionadas con la libertad de información en nuestro país que con las propiamente evangelizadoras. Es difícil prever hacia dónde evolucionarán los medios dependientes de la Iglesia Católica y en qué medida lograrán reequilibrarse la misión evangelizadora que por naturaleza parece corresponderles y la función de refuerzo de las libertades públicas asumida en estos años. Que este debate no sólo siga abierto, sino que parezca recrudecerse en los últimos tiempos, no es buen síntoma.

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