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Tribuna libre

La parida de Carmen Calvo (y la paridad)

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“El canon de las bibliotecas no lo pagarán los ciudadanos sino el Ministerio”. Y mil doscientos millones de euros están en sus manos.

A Zapatero le preguntaron, en la famosa entrevista de TVE, por qué instará el Gobierno a las empresas españolas a mantener forzosamente en sus consejos de administración el mismo número de hombres que de mujeres. Para el jefe del Ejecutivo no se trata de un caso de discriminación positiva, denunciado por los propios colectivos feministas, que no quieren trato de favor por cuestión “de cuota”, sino un reconocimiento a sus capacidades.

El presidente no lo entiende así. Y quiso imponer esa paridad en el consejo de ministros y le salió una parida. Me refiero a la ministra de Cultura, Carmen Calvo. Que nadie se me moleste. Ésta es una crítica, no a su condición de mujer, sino a sus escasas aptitudes como dirigente política de la cosa pública. Si Fernández de la Vega es un exponente de que el inquilino de La Moncloa hizo los deberes en algunos ámbitos, la titular del área de Cultura merece un suspenso rotundo.

Hace unos días, nos dejó su última perla, durante la presentación del canon que quiere imponer a las bibliotecas públicas por préstamos. Se trata de un gravamen de 20 céntimos por libro, que el Gobierno quiere cargar a los ejemplares que adquieren las bibliotecas para préstamo. La ministra justificó la medida anunciando que este canon “en ningún caso se le cargará al ciudadano a través de las bibliotecas públicas porque lo pagará, si no hay otra alternativa, el propio Ministerio”. Guau. Pues ya nos puede decir, señora Carmen Calvo, de dónde saca el dinero el Ministerio de Cultura, si no es de los impuestos que recauda Hacienda de todos los españoles.

Lo grave del caso es que ella es la responsable de administrar un presupuesto que ronda los 1.200 millones de euros. Ahí es nada. Uno pensaba que los deslices de la ministra al inicio de la legislatura serían los habituales en el principiante, que se irían superando con el tiempo, a medida que se fuera haciendo con el cargo. Pues nada de eso.

Uno lleva atesorando desde hace muchos meses –también gracias a la ayuda de Internet- algunas de las pifias más sublimes de doña Carmen. Lean, lean. Lean y juzguen ustedes mismos:

-- Carmen Calvo se estrenó en el Ministerio anunciando a bombo y platillo que iba quitar el IVA de los discos. Rápidamente, un alto cargo gubernamental salió a la palestra para desdecirle: lo que proponía la ministra contravenía la legislación de la Unión Europea.

-- En otra ocasión, durante una entrevista del diario ABC, declaró aquello de: “el cine ha perdido espectadores por culpa de la política hostil del Partido Popular”.

-- En febrero de 2005, el senador del PP Juan Van-Halen afirmó ante ella: “Centrándonos en el período negro –Calvo ‘dixit’-en el año 2000 dos filmes, ‘La comunidad’ y ‘Año mariano’, superaron cada uno de ellos el millón trescientos mil espectadores. En 2001, año negro también –Calvo ‘dixit’- las cifras fueron de asombro…”.

La respuesta de Carmen Calvo fue implacable: “Señoría, usted para mí nunca será Van-Halen ‘Dixi’ ni ‘Pixi’; será su señoría, el senador Van-Halen; precisamente porque estamos en una Cámara de representación democrática en nuestro país, precisamente porque estamos en el Senado. Y desde ahora le adelanto que ese modelo de intervención, con alusiones pretendidamente ingeniosas acerca de las personas, en este caso de mi persona, si quiere, se las puede ahorrar, porque no voy a contestarlas”.

-- Otras frases meritorias de la titular de Cultura: “Yo he sido cocinera antes que fraila”. “El español está lleno de anglicanismos”. “El Rocío es la explosión de la primavera en el Mediterráneo”. “Estamos manejando dinero público, y el dinero público no es de nadie”. “Deseo que la Unesco legisle para todos los planetas”. “Un concierto de rock en español hace más por el castellano que el Instituto Cervantes”. “Las señoras tienen que ser caballeras, quijotas, manchegas”.

-- En otra ocasión dijo aquello de: “Pues yo creo que parezco más joven de lo que soy, y una mirada rápida puede decir: ‘Mira qué contenta está ésta del lío lío’. Pero yo me paso el día entero trabajando. Yo transmito que soy muy yo, y que voy de yo por la vida. Soy una tía a la que no doblan. Yo no renuncio a mis vaqueros ni a nada. Cuando deje de ser ministra seguiré siendo yo, que es mi verdadero cargo”.

-- En Pamplona, durante la celebración de los San Fermines, se expresó así: “Si quieres que te sea sincera, pensé que se vestían así cuatro, los que vemos por la tele corriendo el encierro. Pero todos vamos con uniforme, es fantástico. Mi hija de 4 años creía lo mismo”.

-- También nos ha brindado algunas perlas sobre sus preferencias y su singular horario de trabajo: “Me gusta madrugar para poder pasar más rato en el baño: allí leo el periódico, oigo la radio, oigo música y hablo por teléfono con alcaldes en bragas”.

-- Una última perla. El pasado mes de octubre, la ministra anunció: “Los gestores de la cultura debemos hacer cosas más llamativas” en defensa de esa cultura. Y se mojó. Como Bill Gates iba a viajar a España para recibir el Premio Príncipe de Asturias, dijo, “le pediré el dominio de la Ñ en la red”. “No podemos perder el dominio de la Ñ, que casualmente es la letra que está en la palabra español”. Ni el organismo ICANN –responsable de conceder los dominios de Internet- es propiedad de Microsoft, ni Bill Gates llegó siquiera a pisar España.

Ejemplos como estos me confirman en la idea de que este fifty-fifty que quiere imponer el progresista Zapatero no deja de ser otra majadería suya. Y a los hechos me remito.

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