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El peor presidente de la democracia

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Aunque sólo sea apelando a la teoría del mal menor, España no se merece seguir por el camino en que le ha metido Zapatero en estos últimos cuatro años

Aunque lo que, desde un punto de vista formal y teórico, se elige el próximo día 9 es la composición del nuevo Congreso y Senado, en la práctica lo que saldrá de las urnas del próximo domingo es quien será el Presidente del Gobierno de España durante los próximos cuatro años. Y a pesar de los celos que esto despierta en Gaspar Llamazares o en los partidos nacionalistas, sólo dos candidatos tienen posibilidades reales de serlo: José Luís Rodríguez Zapatero o Mariano Rajoy.

España ha tenido desde la transición política cinco Presidentes del Gobierno: Adolfo Suárez (ocupó cuatro años dicho cargo), Leopoldo Calvo Sotelo (veinte meses), Felipe González (catorce años). José María Aznar (ocho años) y el actual, José Luís Rodríguez Zapatero que lleva en la Moncloa desde abril de 2004.

Cada uno de ellos ha tenido sus aciertos y sus errores, sus luces y sus sombras. Así, por ejemplo, Suárez pasará a la historia como el Presidente que pilotó la transición política hacia la democracia, algo que no era una empresa fácil viniendo de un régimen dictatorial que había durado cuarenta años. Calvo Sotelo estuvo muy poco tiempo en la Presidencia, y además su sesión de investidura fue interrumpida por el intento de golpe de estado del 23-F de 1981, pero le dio tiempo, por ejemplo, a culminar el ingreso de España en la OTAN.

 Felipe González, ganando en 1982 las elecciones para el PSOE, protagonizó la alternancia necesaria en el poder para consolidar la democracia en nuestro País e hizo, indudablemente, muchas cosas bien, aunque los últimos años de su mandato se vieran seriamente afectados por cuestiones tan delicadas como la guerra sucia en la lucha antiterrorista a través del GAL o los casos de corrupción. Aznar presidió durante ocho años un Gobierno que fue impecable e implacable en la lucha contra ETA, que mejoró ostensiblemente la situación económica y que situó a España en una posición relevante en el contexto internacional, aunque su postura en la guerra de Irak tuvo una gran contestación en la opinión pública que el no quiso escuchar.

¿Y Zapatero? Si nos regimos por la máxima evangélica “por sus frutos los conoceréis”, estos son algunos de los cosechados por el actual Presidente: negociar políticamente con ETA; mentir a los españoles cuando tras el atentado de la T-4 de Barajas aseguró que no habría nuevos contactos con la banda terrorista, sabiéndose posteriormente y reconociendo el propio Zapatero que si los hubo; no tener un proyecto claro sobre España, afirmando que el concepto de nación es discutido y discutible; no defender la igualdad y la solidaridad de todos los españoles, independientemente de la Comunidad Autónoma en la que vivan, al ceder a las continuas exigencias de los nacionalistas vascos, catalanes y gallegos; reabrir las heridas de nuestro pasado más abyecto, con la Ley de Memoria Histórica; buscar el adoctrinamiento de la sociedad a través de la Educación para la Ciudadanía; enfrentarse con la Iglesia Católica y con los valores que esta representa y defiende a través de leyes que establecen que la unión entre homosexuales es un matrimonio similar al formado por un hombre y una mujer; devaluar el papel de España en la esfera internacional.

Es decir, el balance de la actuación de Zapatero al frete del Gobierno no aguanta ni un segundo la comparación con cualquiera de sus predecesores. Ha gobernado pensando no en el bien de España y de todos los españoles, sino solamente en su propio interés y en el del que le votaron en el 2004. De ahí que mi opinión sobre el actual inquilino de la Moncloa esté condensada en el título de este artículo. Porque sinceramente pienso que ha sido el peor Presidente que ha tenido España desde la restauración de la democracia; porque creo que realmente sería malo para nuestro País otros cuatro años como los que hemos vivido en esta legislatura, llena de crispación social y de enfrentamiento; porque es evidente que si Zapatero gana no va a cambiar su forma de gobernar, es por lo que considero que lo mejor para España es un cambio en la Presidencia del Gobierno.

Algunos considerarán, con todo derecho y legitimidad, que tampoco el PP ni su candidato han hecho excesivos méritos para ganar las elecciones. Pero aunque sólo sea apelando a la teoría del mal menor, España no se merece seguir por el camino en que le ha metido Zapatero en estos últimos cuatro años, y la única alternativa real en estos momentos es la que encarna Mariano Rajoy. En cualquier caso, los españoles tenemos la palabra a través del voto el próximo domingo.

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