Domingo 11/12/2016. Actualizado 01:00h

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El pinganillo de Aznar

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Quienes han coincidido con él este verano aseguran que Aznar luce una forma física envidiable. El ex presidente del Gobierno parece haber encontrado una fórmula mágica para evitar lo que un amigo mío suele calificar, sin mayores sutilezas, como “dar el chanquetazo”: ese difícil momento en el que a todo varón que se precie le aflora una vergonzosa pancilla que no suele perdonar ni a los más aguerridos deportistas. José María Aznar permanece al margen de algo tan banal como el exceso de tripa y parece perfectamente recuperado del 14-M. Estas últimas semanas, sin ir más lejos, ha desplegado una gran actividad en las Islas Baleares, celebrando encuentros con destacados políticos del Partido Popular en el chaletito que los Agag tienen por la zona. Y no es que tengan poco de lo que hablar los hombres de la derecha española. El PP afronta en estos momentos su más difícil y decisiva etapa: o se consolida como una alternativa sólida y creíble al Gobierno de Rodríguez Zapatero, aprovechando las tempestades que se avecinan (léase estatuto catalán y lucha antiterrorista), o se diluirá como un azucarillo entre las miasmas de la mediocridad. Entre medias, un sinfín de retos “menores” para Mariano Rajoy que se pueden enumerar a bote pronto: su propia consolidación interna como aspirante con posibilidades de llevar a sus huestes al poder; el “relevo tranquilo” de algunos dirigentes del partido a nivel nacional; la sucesión de Manuel Fraga en Galicia; o la construcción de una alternativa real a Manuel Chaves en Andalucía. El líder de los “populares” (palabreja escogida, por cierto, para la nueva escenografía que acompañará a los dirigentes del PP en sus intervenciones públicas) ha comenzado el curso político anunciando para febrero una convención nacional llamada, dicen, a “actualizar” el propio proyecto político, adecuarlo al futuro y consolidarlo como alternativa. Rajoy habla abiertamente, por tanto, de un rearme ideológico en toda regla, que debe proyectarles hacia las próximas elecciones generales en condiciones de disputarle La Moncloa a Rodríguez Zapatero. Buenas noticias para todos pues la salud democrática de cualquier país es directamente proporcional a la solidez de los partidos políticos que compiten por representar a los ciudadanos. Ante este panorama, la pregunta que uno se hace es la siguiente: ¿qué papel está jugando o jugará el ex inquilino de la Moncloa (si juega o está llamado a jugar alguno) en esta nueva fase? ¿está imitando Aznar al míster del Real Madrid en el uso del famoso “pinganillo” y ejerciendo de asesor áulico de sus compañeros de partido? ¿Sería recomendable esta actitud? Vanderlei Luxemburgoha decidido optar por la prudencia en la Liga española pues existen serias dudas sobre la legalidad del artilugio y —todo hay que decirlo- a la espera también de un implante de silicona que evite las asperezas del aparato utilizado en el Trofeo Santiago Bernabéu y conjure posibles lesiones en el pabellón auditivo de nuestro Raúl. Nadie puede exigirle ahora a José María Aznar que abandone sus amistades, que deje de encontrarse con quien le plazca o que se interese incluso por la marcha del país que él gobernó durante ocho años. Esto es lo que parecen demandar los editorialistas de algunos diarios independientes de la mañana. Pero el ex presidente debería medir muy bien sus tiempos y evitar hacer excesivo uso del walkie-talkie: podría hacer un flaco servicio a su propio equipo.

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