Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

Un político sensato

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Lo que ha dicho el dirigente nacionalista Josu Jon Imaz es lo que piensa mucha gente en el País Vasco, muchos militantes del PNV.

No es que las opiniones de Josu Jon Imaz sean como para tirar cohetes, lo que pasa es que con la fauna política que tenemos en España, que alguien exponga unas ideas medianamente sensatas causa sensación. Y eso es lo que ha pasado con el artículo de Imaz en Deia.

Con independencia de las repercusiones que sus planteamientos puedan tener en el seno del Partido Nacionalista Vasco, en la política de Euskadi y –por lógica- en la vida española de los próximos años, lo que ha dicho el dirigente nacionalista es lo que piensa mucha gente en el País Vasco, muchos militantes del PNV, y puede ser un reflejo de lo que va a ocurrir en la próxima asamblea del partido que ahora gobierna en Euskadi.

Va a traer consecuencias.

La primera estará protagonizada por Ibarretxe. El Lehendakari es un cadáver político desde hace tiempo, pero es un cadáver mal enterrado. Aún tiene el poder en la mano y puede dar coletazos que hagan fracasar cualquier iniciativa aunque no consiga que triunfen sus ideas. Ibarretxe se había creído en la obligación de sustituir a Arzallus y había momentos que lo hacía con mucha propiedad, pero tarde o temprano tendría que estallar el malestar que con su forma de gobernar había en el seno de su partido.

Ese malestar era obvio en buena parte de la sociedad vasca aunque siguiera votando al PNV, y si a eso le añadimos cierta repugnancia de la derecha nacionalista vasca a ir de la mano de los socialistas, el conflicto estaba servido.

También habrá consecuencias en la política nacional. Si Rajoy no ha movido ficha –cosa que no sería descabellada- y tiene algo que ver en esta toma de posición de Imaz, va a obligar a Rodríguez Zapatero a dar la cara , en primer lugar con el partido socialista del País Vasco y después en las relaciones del PNV con el propio PSOE con vistas a Madrid.

Y es evidente que las fuerzas separatistas de Euskadi, incluidos los pro-etarras, también van a tener que cambiar de estrategia o al menos de forma de contemplar la situación.

Josu Jon Imaz –sin que esto signifique echar las campanas a voleo- siempre ha dado muestras de sensatez. Tiene sentido de la realidad y sabe que el mundo no se acaba en Pancorbo. La batalla va a ser dura y cuando se reúnan los capitostes del Partido Nacionalista Vasco van a saltar chispas. Ahí también tiene que dar la talla Imaz. Cuenta con apoyos –aunque Eguibar seguirá siendo una incógnita hasta el final- dentro y fuera del País Vasco y, de momento, su artículo en Deia ha gustado y sus opiniones han caído bien.

Aunque sólo sea por contraste.