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Un presidente noqueado

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Ha quedado en evidencia la escasísima talla personal y política del Presidente del Gobierno, incapaz de reaccionar

La consecuencia más trágica del atentado de ETA del pasado 30 de diciembre en Barajas ha sido, obviamente, la muerte de dos ciudadanos ecuatorianos. Esa es siempre la cara más tremenda del terrorismo: la pérdida de vidas humanas y el dolor que causa en sus familiares y en sus seres queridos. Las imágenes que durante todos estos días hemos podido ver de los familiares de Diego Armando Estacio y de Carlos Alonso Palate, primero esperando que se recuperaran sus cadáveres y posteriormente enterrándolos, hablan por si solas.

Pero el atentado de Barajas ha dejado asimismo otra consecuencia, políticamente relevante. Ha quedado en evidencia la escasísima talla personal y política de un Presidente del Gobierno, que ha dado la imagen de un boxeador noqueado, al borde del k.o., incapaz de reaccionar ante el mazazo recibido.

La verdad es que no es para menos, cuando veinticuatro horas antes de que estallase la furgoneta-bomba en la T-4, Zapatero, con una frivolidad y simpleza impropias de un gobernante mínimamente responsable, aseguraba que en lo referido a su mal llamado “proceso de paz”, estábamos mejor que hace cinco años y dentro de un año estaríamos mejor que ahora. No me imagino a la canciller alemana, Angela Merkel o al primer ministro británico, Tony Blair, permanecer un minuto más del necesario en sus puestos, si a las veinticuatro horas de decir eso, una banda terrorista hubiera perpetrado en sus respectivos países un atentado de la magnitud del llevado a cabo por ETA en un lugar tan emblemático como la Terminal 4 de Barajas. Se van a su casa y se acabó la historia. Pero Zapatero es distinto.

No contento con eso, el Presidente ha seguido dando “espectáculo”. Primero regresó a Doñana a celebrar la noche vieja y el año nuevo, como si no hubiese pasado nada en el País del que es el máximo responsable. Antes de eso, en su patética comparecencia el mismo día del atentado, midiendo exactamente lo que quería decir, habló de que el “proceso” estaba suspendido, pero evitó señalar que estuviera roto. Tardó cinco días en visitar el lugar del atentado, desde donde hizo otra declaración que pasará a los anales de la vaciedad y de las palabras huecas. Por cierto, ¿que hacía el candidato del PSOE a la Alcaldía de Madrid, Miguel Sebastián acompañando a Zapatero en esa visita? ¿Cómo ha llegado tan bajo el PSOE y sus dirigentes para permitir que esa visita presidencial tuviera ese tufillo electoralista?

El broche, de momento, a los despropósitos presidenciales tras el atentado, lo puso Zapatero el pasado sábado durante la celebración de la Pascua Militar, cuando en corrillos con los periodistas, ¡cómo le gusta esta forma de hablar y de dirigirse a la opinión pública al Presidente!, dijo que de lo sucedido no había motivos para pensar y mucho menos afirmar que hubiera cometido error alguno en todo el “proceso”.

Alguna vez he dicho que el Presidente pretende tomarnos por tontos a todos los españoles. ¡Pero si hasta Pepino Blanco ha dicho que habrá que reconocer que el Gobierno ha podido estar manejando mala información respecto a los planes de ETA o que se ha equivocado de interlocutores! Señor Presidente: todos los que le hemos criticado por haberse metido en este follón que ha sido su mal llamado “proceso de paz” podemos ser unos perversos, ¡pero no su fiel escudero Blanco!. Si no nos quiere hacer caso a nosotros, al menos escuche esa autocrítica del número tres de su partido.

A la vista de cómo ha reaccionado Zapatero tras el atentado, no hay que ser muy perspicaz para afirmar que va a seguir enrocado en su postura, sin rectificar y perseverando en el error. Otra cosa es que la opinión pública, es decir, los ciudadanos, le dejen seguir dando tumbos encima del ring. Alguien de su partido debería arrojar la toalla al cuadrilátero para suspender el combate, antes de que sea demasiado tarde, que me temo que ya lo es.