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Por qué el presidente no rompe con ETA

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La deflagración del parking de Barajas ha dejado al descubierto las motivaciones más íntimas de Zapatero, listo para una portada de Interviú

El Confidencial Digital publicó este viernes una información absolutamente determinante para entender el errático deambular de nuestro presidente tras el bombazo de ETA en Barajas. La clave la tiene su principal asesor en estos momentos en la cuestión vasca, Jesús Egiguren, que tras el “accidente” de la Terminal 4 fue muy claro con Rodríguez Zapatero:

– Si rompemos ahora, ETA va a volver a matar. Vamos a tener, con toda seguridad, muertos sobre la mesa. Y esos muertos serán tuyos, con todas las consecuencias que eso supone, sobre todo electorales.

Esta es la primera derivada resultante de encumbrar al frente de un país a un individuo con escasos criterios éticos y morales. Lo que se deduce tras analizar los datos que se han ido conociendo estos últimos meses, de manera más o menos reservada, es que el principal criterio que maneja el actual inquilino de La Moncloa para regir el país es uno, claro y distinto: ganar las próximas elecciones.

Revalidar la poltrona “como sea”. Eso es lo que le mueve. Y utilizo aquí a propósito aquella expresión del presidente que un micrófono indiscreto desveló durante la Cumbre Euromediterránea de 2005 celebrada en Barcelona. Uno de aquellos días, el director del área internacional del jefe del Ejecutivo, Carles Casajuana, susurró, preocupado, al oído de ZP aquello de:

– Los textos no van muy bien, estamos intentando cerrar algo.

A lo que Zapatero respondió, enérgico:

– ¡Hay que cerrar! ¡Hay que cerrarlo ‘como sea’, vamos!

Al político leonés que dirige los destinos de este país parece pillarle un poco lejos eso de la construcción del bien común, la promoción y defensa de lo más conveniente para el conjunto de los ciudadanos, el respeto de sus derechos (al margen de si eso da votos o no), favorecer el ejercicio responsable de la libertad, la promoción de la justicia o el servicio leal a la sociedad entera.

Todo político pretende perpetuarse en el poder. Es algo que forma parte de su plan de acción: permanecer el máximo tiempo posible en su puesto, para tomar aquellas decisiones que, a su juicio, mejor contribuyen a la implantación de los principios rectores en los que cree. Es una legítima pretensión… pero siempre y cuando no se convierta en un absoluto: “estoy dispuesto a lo que sea por impedir mi caída”.

Y hete aquí que la tremenda deflagración del parking de Barajas ha dejado al descubierto las motivaciones más íntimas de José Luis Rodríguez Zapatero. El presidente está listo para un desnudo en la próxima portada de Interviú, como la pobre Ana María Ríos. A él también se le ve todo. Balbucea “accidentes” cuando quiere hablar de “atentados”. “Suspende” procesos cuando quiere decir “ruptura”. Dice… pero lo que se le ve es un deseo irrefrenable por no abandonar La Moncloa.

Precisamente allí, en La Moncloa, el pasado mes de noviembre, durante uno de los reservados ‘maitines’ sobre inmigración ilegal que descubrió en exclusiva este confidencial, los colaboradores más cercanos de Zapatero le escucharon un razonamiento del siguiente tenor:

ETA no me echará del Gobierno porque el terrorismo etarra es un fenómeno anterior a mí. Sin embargo, yo soy ‘el presidente de los cayucos’. Por eso creo que la imagen de descontrol, las escenas de pateras llegando a nuestras costas repletas de ‘sin papeles’, posibles movimientos violentos anti inmigrantes o estallidos radicales en pueblos de temporeros, podrían actuar de detonante.

Todo esto terminó. Zapatero ha percibido que el escenario ha cambiado. Ahora, ETA puede convertirse en un problema suyo: él flirteó con la banda y él fracasó.Y, para alguien que tiene como principal objetivo permanecer, “como sea”, al frente de un país, eso resulta inaceptable. De ahí que haya acabado haciendo caso a lo que le sugería su asesor Egiguren:

Podemos no romper el “proceso”. En ese caso, quizá finalmente no salga bien, quizá no acabe en el fin de la violencia, pero mientras tanto ETA no va a matar. No tendremos muertos sobre la mesa. Y lo importante es llegar a las elecciones sin muertos. Después, una vez celebradas, puedes hacer una cosa o la otra, es decir, continuar o romperlo.

Al menos, ahora ya sabemos a qué atenernos. Ahora ya sabemos por qué el presidente ni rompe ni va a romper con ETA.