Jueves 08/12/2016. Actualizado 01:00h

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Tribuna libre

A la espera del debate, entran en campaña los ex presidentes, la mujer del ministro de Justicia y hasta el Tribunal Constitucional.

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Ser ex nunca ha sido fácil, pero quizás algunos que fueron presidentes del Gobierno deberían escuchar aquello que Esperanza Aguirre decía a Ruíz Gallardón: ‘Calladitos estáis mejor’.

Escuchar a Felipe González llamar imbécil a Mariano Rajoy porque afirma ser mejor que Rodríguez Zapatero debería hacer reflexionar a muchos políticos, sobre todo si se mueven en la órbita socialista.

Aznar, por su parte, se aferra a la negociación de Zapatero con la ETA y recuerda viejos tiempos en los que la lucha antiterrorista era diferente.

Hay una virtud que los ex –junto con el respeto y la prudencia- deberían cultivar. La elegancia es uno de los patrimonios de quienes fueron y ya no son. Porque lo que, por todos los medios, deben evitar es causar pena y que los rencores de antaño se les noten demasiado.

El debate que fue, todavía colea. La niña de Rajoy, las mandíbulas apretadas de Rodríguez Zapatero o la chaqueta de Campo Vidal han dado lugar a más comentarios que las propuestas de futuro de los candidatos. Alguien debería preguntarles, abiertamente, algo elemental: ‘¿Qué hará usted si es presidente del Gobierno, en esto, en lo otro y en lo de más allá?’ No se sabe qué va a ser el debate que se avecina, pero es de temer que será más de lo mismo con algunas balas de cañón que ambos candidatos guardan en la recámara. Y vuelta a empezar con el quién ganó y quién estuvo mejor sentado.

Mientras, la campaña sigue y, desde las novedades que aporta Rosa Díez, que se coloca en plena calle a contestar preguntas, hasta el baile de la convaleciente señora de Bermejo, hay de todo.

Parece que Rajoy ha ganado en autoestima tras el debate y que Rodríguez Zapatero adopta la cara de bueno mientras Felipe González o José Blanco le hacen el trabajo sucio. Pero a estas alturas ni la euforia de uno ni la carita de bueno del otro, van a calar en según qué sectores de la sociedad. El fantasma de la abstención –casi seguro más alta que en las anteriores elecciones generales- revolotea en torno a los mítines.

Hay besos y laúdes. Puños con rosas y abrazos al auditorio, y hasta las fuerzas de orden público detienen autocares de manifestantes contra Rodríguez Zapatero a las puertas de León para que no estropeen el baile al presidente.

A la que la van a estropear la danza es a la funcionaria de la Comunidad de Madrid en las dependencias del menor y a la vez esposa del ministro de Justicia, a la que quieren enviar un inspector médico para que mire hasta qué punto la baja por lumbalgia la permite dedicarse al arte de Terpsícore.

Hasta Gaspi o Llamazares -que ya no se sabe quién es quién- se retratan con muñecos de cartón que representan a Rajoy y a Zapatero. Así cualquiera hace debates. En Izquierda Unida resulta muy curioso que, cuando se escucha a alguien que no es Llamazares, la cosa cambia y hasta dicen algo nuevo que no suena al año 36.

Y es que los mítines dan para mucho. Por ejemplo, dan para que Tomás Gómez, el jefe de los socialistas madrileños, se suba a un coche policial para dirigirse a los ciudadanos. Le quieren ‘empitonar’ por lo del megáfono de propiedad pública, pero todo quedará en nada. Si acaso Esperanza Aguirre se lo apuntará para sacarlo en la próxima campaña electoral por la autonomía madrileña.

También se apuntará Aguirre la falta de Ruíz Gallardón a los actos conmemorativos del 25 aniversario del Madrid autonómico. Y es que el alcalde está midiendo mucho sus silencios y sus palabras, sus presencias y sus ausencias, y en una de estas va a empezar a medir hasta los besos.

El que mide poco es el Tribunal Constitucional, que aparte de montar el ‘mitin’ –con comillas- con la sentencia de ‘los albertos’, ahora riza el rizo y se pone acusica contra el Fiscal General del Estado y le acusa ante ‘quien no es su jefe’ o sea el presidente del Gobierno. La metedura de pata constitucional, del Constitucional, es de órdago.

Pavoroso el panorama de las mujeres maltratadas y asesinadas. Y más pavoroso cuando nos enteramos de que lo de la protección y lo del alejamiento es una filfa, entre otras cosas porque no hay policías suficientes. Es lo que se llama una ley que es papel mojado.

La ETA sigue a lo suyo y ahora le ha tocado a la Casa del Pueblo de Derio, mientras que los empresarios navarros siguen hablando del impuesto revolucionario.

Menos mal que la banca Morgan Stanley nos informa de que podemos estar tranquilos porque hasta el 10 de marzo no va a haber quiebras de inmobiliarias. Pues es un alivio.

Y nos queda una semana. Con ex o sin ex, la campaña se hará más bronca y asistiremos a más descalificaciones, insultos y vejaciones personales.

¿Y usted qué hará si llega a La Moncloa?