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Tribuna libre

De promesas, insultos y respetos

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Los expertos afirman que en las campañas no hay que tratar de convencer a quien nunca nos va a votar, sino que se trata de afianzar el sufragio de quienes sí nos van a votar

Las promesas entran en el menú de cualquier campaña electoral. Los insultos son lo normal en las declaraciones de cualquier miembro del Partido Socialista y lo del respeto es la muletilla que emplean, los zapateros, blancos, llamazares, de las vegas, calderas y lópeces garridos, tras haber puesto a los rajoys, pizarros, aguirres, acebes y zaplanas, como ‘chupa de dómine’.

Y así hasta el 7 de marzo por aquello del día de reflexión que, dicho sea de paso, es otra de las grandes ‘filfas’ de nuestras elecciones, porque ya me dirán ustedes qué reflexión hay con todos los medios aludiendo a los últimos mítines de campaña.

Pero mientras –y como ejercicios de calentamiento-, tenemos los mítines de fin de semana que son un carrera de promesas, un desmadre de insultos y una repetición cansina de la palabra ‘respeto’. Porque lo primero que hay que decir es que los políticos se insultan con mucho respeto. Los dos especialistas en aludir al respeto son Felipe González y María Teresa Fernández de la Vega que, desde sus respectivos status de ex presidente del Gobierno y de vicepresidenta y portavoz del Ejecutivo, se dedican a llamar inmoral al adversario porque habla de las víctimas del terrorismo o porque ha tenido éxito en el mundo de la empresa privada y –una vez acabada la retahíla de insultos- afirman eso de ‘dicho sea con todo respeto’.

Y una vez que las cosas se dicen con ‘todo respeto’ ya se puede insultar y dejar al aludido a los pies de los caballos.

La ofensiva que se ha montado contra la candidatura de Manuel Pizarro debería dar que pensar sobre todo a los votantes indecisos. Que a estas alturas del s.XXI un dirigente político afirme -como ha hecho Caldera- que a un obrero le harían falta siglos para ganar lo que ha ganado Pizarro, sólo puede producir risa y hacer reflexionar sobre la posibilidad de que ese caballero pueda volver a ser ministro de la cosa laboral, del paro y de la seguridad social. Que la vicepresidenta y portavoz del Gobierno -desde el palacio de La Moncloa, y mientras informa de la reunión del Consejo de Ministros- llame inmoral a un candidato, es como para pensarse –si se es de Valencia, más- el dar el voto a semejante política.

Son sólo ejemplos.

Los expertos afirman que en las campañas no hay que tratar de convencer a quien nunca nos va a votar, sino que se trata de afianzar el sufragio de quienes sí nos van a votar, e incluso darles argumentos para que, en su ambiente, razonen ese voto. Si es así, mal servicio están haciendo los candidatos del Partido Socialista a sus votantes incondicionales.

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