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Tribuna libre

A propósito de la visita de Putin a España

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Aunque el viaje fue un indudable éxito, hubo lamentablemente intentos de enturbiarlo

Hablando del envoltorio, el aspecto exterior de la visita fue impecable vista desde Moscú y a través de la televisión. Guardia de honor, caballos, vistosos trajes, exquisito menú en las comidas oficiales... todo estaba organizado al más alto nivel por el departamento protocolario de Exteriores de España. En cualquier caso, no cabía duda alguna de que así iba a ser, pues los españoles saben recibir a sus invitados. Pero en las relaciones bilaterales es mucho más sustancial la otra cara, la del trabajo, por supuesto no tan vistosa pero de suma importancia. La parte visible de ese iceberg es la firma de documentos bilaterales. Pues bien, todos ellos recogían los asuntos que preocupan tanto a españoles como a rusos, por ejemplo, la declaración conjunta sobre lucha antiterrorista, que refrenda lo alcanzado e imprime un nuevo impulso a la cooperación (en vísperas de la visita ya señalábamos que en esta materia las cosas van bastante bien), y el convenio de lucha contra el narcotráfico. Como hecho curioso se puede señalar que la locomotora de las relaciones bilaterales es la policía. No sucede muy a menudo, pero en nuestro caso concreto, debido a las amenazas que afrontan los dos países, son precisamente las fuerzas de mantenimiento del orden y la seguridad las que están en la vanguardia, adelantándose con el ritmo de desarrollo de sus relaciones a todas las demás esferas. En la lista de los documentos firmados es fácil descubrir los intentos de tapar agujeros; así sucede con el memorándum de cooperación en cultura física y deporte. También los de impulsar el desarrollo en aquellas áreas donde a primera vista todo va bien, aunque siempre se puede hacer más y mejor; es el caso del turismo y la agricultura. Esperemos que, a partir de la firma de estos acuerdos, el surtido de productos españoles que se venden en tiendas rusas mejore aún más, y que a los turistas rusos que gustan tanto de pasar sus vacaciones en las costas españolas se les ofrezcan nuevas y agradables sorpresas. Por último, los documentos suscritos evidencian que se trata de situar las relaciones bilaterales a nuevo nivel. De ahí que se firmara un convenio de cooperación para el estudio y uso del espacio con fines pacíficos, así como varios documentos en materia de cooperación económica: el Vneshekonombank de Rusia suscribió uno con la asociación española de pequeños y medianos astilleros, Pimar; otro (junto con el Roseximbank) con la corporación española de seguros de créditos para operaciones de exportación; y otro más, con el banco privado español Banesto, mediante el cual ambas entidades establecen un convenio marco. A este mismo fin, el desarrollo de vínculos económicos, estuvo dedicada la reunión entre Vladimir Putin y los empresarios españoles, organizada en el Palacio de la Moncloa por iniciativa del jefe del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. El atraso en esta materia preocupa tanto a la parte rusa como a la española, y se vislumbra un amplio nicho donde se podría diversificar la cooperación mutua. Aunque la visita fue un indudable éxito, hubo lamentablemente intentos de enturbiarla. La víspera misma de la llegada de Vladimir Putin a Madrid, el periódico ABC publicó una entrevista concedida por el señor Robert Amsterdam, uno de los ex abogados de Mijaíl Jodorkovski. Sus manifestaciones permiten sospechar que él posee el don de la omnipresencia, como los hombres invisibles de los cuentos mágicos; difícil entender si no cómo puede afirmar categóricamente, tal cual si hubiese estado sirviendo la mesa durante la reunión de los dos políticos, que el ex canciller alemán Gerhard Schroeder y Vladimir Putin han acordado “dejar a España sin el mercado energético”. Al señor Amsterdam no le importa, desde luego, que la mayor parte de las exportaciones rusas a España corresponda precisamente a los agentes energéticos, ni que la compañía española Repsol haya adquirido hace poco el 10 por ciento de las acciones del consorcio sueco West Siberian Resources, como resultado de lo cual obtiene acceso a la explotación de hidrocarburos rusos. En el mundo político a nadie le extrañan tales ataques; ante situaciones así, los rusos solemos decir: el perro ladra y la caravana pasa. Y también la caravana ruso-española, cargada de nuevos planes de cooperación, ha seguido adelante. Hacia el futuro.