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Tribuna libre

El punto de mira de Zapatero

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Hablemos de la verdadera trampa que se ha tendido ZP a sí mismo y la mercancía averiada que nos quiere vender a los españoles

O el Presidente del Gobierno tiene el punto de mira desviado. O alguien le da en el codo cada vez que está apuntando a un objetivo o simplemente no anda bien de la vista.

Lo cierto es que este hombre nunca apunta bien y casi siempre la sale el tiro por la culata.

No sé si tanta metáfora “disparadora” es oportuna en estos momentos en los que Rodríguez Zapatero está enfrascado en el llamado proceso de paz con la ETA, pero nos lo pone demasiado fácil y no es posible resistir la tentación.

La última vez que no ha dado en la diana y que ha vuelto a errar la dirección de la mira ha sido con motivo de la multitudinaria manifestación de las víctimas del terrorismo el pasado sábado en Madrid. Una vez más Zapatero se ha equivocado.

El problema no es la cifra de manifestantes. Ni siquiera lo es que las víctimas se manifiesten en contra de la negociación con quienes asesinaron a sus familiares y amigos. Lo de menos es si estaba o no estaba el Partido Popular o sus dirigentes aprovechaban o no aprovechaban la coyuntura para sus fines partidistas. El problema sigue siendo el de un Presidente de Gobierno, democrático y legítimo, que ha decidido negociar y pactar a toda costa con una banda terrorista y que, cuando la banda no da demasiadas muestras de querer la paz, él sigue aferrado a sus planteamientos y afirma rotundo que nadie va a torcer su voluntad de lograr la paz.

Y ahí está la verdadera trampa que se ha tendido a sí mismo y esa es la mercancía averiada que nos quiere vender a los españoles.

Nadie que esté en su sano juicio como político o como simple ciudadano se negaría a conseguir la paz. Nadie renunciaría a que la ETA dejara de matar. Nadie asumiría la responsabilidad de no evitar un solo muerto más.

En el “qué” todos estamos de acuerdo. La trampa que nos tiende Zapatero a los ciudadanos y, dónde él mismo yerra en la mira de sus pretensiones, es el “cómo”.

Esa hipotética paz, esa posible tregua definitiva, ese dejar de matar, no se puede conseguir de cualquier forma ni por cualquier método.

Pero llegados a este punto, también hay que decir que las opciones que al Presidente le quedan en esa negociación cada vez son menos y más difíciles de “vender” a la opinión pública. La “pinza” que le han montado los propios etarras es demasiado estrecha y la presión de la calle –sean más o sean menos los manifestantes- cada vez se le va a hacer más agobiante.

Lleva razón Zapatero cuando afirma que necesitaría la ayuda del Partido Popular y de todas las fuerzas políticas. Está en lo cierto cuando dice que un Gobierno respaldado y fuerte, negociaría mucho mejor con los etarras, pero no es menos cierto que el “cómo” que ha elegido no es la mejor baza para conseguir esos apoyos.

El oscurantismo, la ocultación, el doble juego y, sobre todo, las más que aparentes concesiones a la banda no son el mejor aval para recabar consensos de los demás. Ahí se equivoca Zapatero. Yerra el punto de mira y pone en peligro demasiadas cosas fundamentales para la convivencia de los españoles.

Si el Presidente del Gobierno piensa que el tiempo corre a su favor, también se equivoca. En unas negociaciones como las que ha puesto en marcha el paso del tiempo es su gran enemigo.

Es muy posible que la salida que le quede a Rodríguez Zapatero sea rectificar, pero en su punto de mira, la marcha atrás no está en el guión.

Lo único que parece seguro es el tiro por la culata.

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