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Tribuna libre

No quiero ir al cine

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Don José Luis Rodríguez Zapatero, Presidente del Gobierno del Reino de España, ha dicho en la entrega de los premios "Goya" que tenemos que ir al cine, que debemos consumir cine español, sobre todo cine joven, y más que nadie los jóvenes ya que ese cine refleja la manera de vivir de nuestra sociedad, que por eso es una sociedad abierta. O algo así. Reconozco que tengo mala suerte: no soy joven; no me gusta el cine español que hacen los jóvenes de ahora; me gusta el que hacían los jóvenes de antes, los de mi quinta; no creo que el cine español actual refleje la manera de ser de la sociedad española actual y, además, esa sociedad que reflejan tampoco me gusta. Lo dicho, mala pata. Porque yo soy un ciudadano que quiere colaborar. Pero lo siento, no me da la gana ir a ver el cine español actual. Espero que esta postura mía no sea desobediencia civil. Parece que ese cine que "refleja nuestra manera de vivir" no gusta demasiado a los reflejados y que las recaudaciones, salvo excepciones, no son como para tirar cohetes. La consecuencia es obvia: subvenciones al canto. Y eso tampoco me gusta. O somos o no somos, o estamos o no estamos -que diría algún personaje de Arniches-. Los que se dedican al negocio del cine se lo tienen que comer con su pan y no con la sopa boba de las subvenciones porque por esa regla de tres habría que subvencionar las cocinas de diseño, las corbatas vanguardistas, los zapatos de golf y hasta las gafas de sol de algún famosillo. Ahora, con motivo de los "Goya", el buen "rollito" de Rodríguez Zapatero se trasladó a la entrega y rodeado de "glamour" -vaya palabra imbécil- dijo lo de que hay que ir al cine no sé muy bien si para tener que dar menos subvenciones o porque es bueno para que nos veamos reflejados y seamos una sociedad abierta. Se me ocurre que podemos llegar a un acuerdo que facilite las cosas. Se trata sólo de dialogar -ahora que está tan de moda- y que todos quedemos contentos. Se podría -es un decir- subvencionar al espectador: Uno va a una película española de uno de estos jóvenes que "reflejan nuestra manera de vivir" y -no digo que me den un dinerillo- pero me hacen un sustancial descuento en la entrada o me regalan un "madelman", una colección de pipas o un coche de época. Tampoco me gustan los "madelman", ni fumo, ni me llaman demasiado la atención los coches de época, o sea como el actual cine español, pero siempre es un aliciente. Debo confesar que tengo la secreta esperanza de que nunca se llegue a esta solución y también debo confesar que aunque se llevara a cabo, tampoco iría al cine a ver películas españolas actuales. Es que no quiero.