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Tribuna libre

La reforma de la ONU y el “hombre ariete” John R. Bolton

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La verdad sea dicha, son pocas las ocasiones en que estoy de acuerdo con George W. Bush. Pero esta es una de ellas. Me refiero al nombramiento de John R. Bolton, personaje con una reputación bastante extravagante para un diplomático, como embajador de EEUU ante la ONU, decisión que el presidente estadounidense ha tomado desafiando la fuerte resistencia del Congreso, el Senado y los medios locales. Los periodistas norteamericanos decían que Bolton es un hombre poco reservado, heterodoxo, que insulta a sus empleados, en fin, un halcón, un gamberro, un psicópata que encima sufre de narcisismo y es muy irresponsable. Hasta el gremio diplomático expresó su indignación al respecto, y un grupo de ex funcionarios del Departamento de Estado llamó al Senado a votar en contra de su designación: "No es apropiado para este cargo y os sugerimos rechazar su candidatura", se pedía en el llamamiento firmado por 59 diplomáticos. Las dos cámaras legislativas siguieron esa recomendación, pero Bush recurrió a su prerrogativa de nombrar a Bolton por decreto, así que ahora tiene en Naciones Unidas al hombre que quería tener. ¿Por qué me solidarizo con Bush cuando tantas personas competentes se pronuncian en contra? Sólo hay una razón, y es la propia ONU, anticuada desde hace tiempo y ahogada en su propia burocracia, en la corrupción y la impotencia senil, todo lo cual la incapacita para salvar de la masacre anunciada a centenares de miles de africanos, defender el Derecho Internacional u ofrecer alguna respuesta a los retos más serios del siglo XXI. Lo único que ha preservado a la ONU de la ruina definitiva es que Washington, habiendo emprendido su aventura iraquí a partir de las mentiras y la burda violación del Derecho Internacional, se atascó finalmente en esa empresa y se dio cuenta de que, en condiciones de aislamiento internacional, el sueño de un mundo unipolar se está desmoronando: EEUU puede ser uno de los líderes globales pero no está en condiciones de resolver por su cuenta los problemas más espinosos de la actualidad. De ahí se deriva una vuelta forzada a la ONU y el interés por su modernización inevitable, idea que se viene discutiendo desde hace tiempo. Quien representa perfectamente este concepto es Bolton, quien en su día hizo una observación irreverente según los criterios de la corrección política pero exacta: nada cambiaría en el mundo si se demolieran un par de pisos de la ONU con sus respectivos burócratas. Recuerdo una conversación que tuve, allí en los tiempos soviéticos, con uno de los embajadores de México en Moscú. "Lo más horrible es la burocracia local, se quejaba el diplomático. Parece que fuera una pared de goma. Primero te dicen con entusiasmo que sí, luego te repiten que sí; una decena de veces hasta que de repente te das cuentas de que estás exactamente en la casilla de salida: has estado dando golpes contra una pared de goma. En un principio cedió; pero finalmente todo volvió; al lugar de siempre. Con todo, concluyó, debo reconocer que la burocracia mexicana es absolutamente igual". Esa observación vale mucho: prácticamente cualquier burocracia, incluida la de Naciones Unidas, puede ser comparada con una pared de goma. Con todas sus deficiencias, que no serán pocas, Bolton es un hombre de energía irrefrenable, una reedición del ariete usado en las épocas antiguas para echar abajo las puertas más resistentes, ariete en cuyo extremo se ponía muchas veces una cabeza de carnero, hecha de cobre. "No había torre tan fuerte ni muralla tan gruesa que el ariete no lograse abrir con una acción persistente", escribe Josefo Flavio en su Guerra judía. Si alguien consigue sacar adelante la reforma, será; Bolton pertrechado con su yelmo con cuernos de carnero. Y es que el informe presentado sobre esta cuestión por el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, es bueno según la opinión generalizada, pero las palabras no bastan, puesto que la ONU sigue anclada en el siglo pasado mientras el mundo de hoy está gobernado por otras instituciones, como el G-8 por ejemplo. Lógico. ¿Qué alternativa les quedaba a Alemania, Japón e Italia potencias otrora agresoras y en la actualidad, miembros vigorosos y de pleno derecho de la comunidad internacional para incorporarse al grupo de los fuertes de este mundo, habida cuenta de que tenían vetado el acceso al Consejo de Seguridad? Existen múltiples variantes de la modernización de la ONU, y es tema para otra conversación decidir cuál sería la óptima. Por ahora, el objetivo básico es pasar de las conversaciones hueras a las reformas. ¿Qué si Rusia tiene un interés propio en esa materia? Obviamente. Rusia está a favor de la modernización. No le satisfacen ni el actual estado de impotencia ni la burocracia de la ONU, así que en principio votará por cualquier variante razonable. Reforzando el protagonismo de Naciones Unidas, Rusia se solidariza con Estados Unidos; y no piensa sermonearle por lo de Irak, como a un hijo pródigo. Los errores del pasado son cosa del pasado. El sistema unipolar del mundo sería capaz de llevar la humanidad a una tontería o a una catástrofe, por lo cual todos necesitan que la ONU y, en su seno, el Consejo de Seguridad sean organismos fuertes, dotados de autoridad. Si el temperamento de Bolton contribuye a lograr este objetivo, que Dios le ayude.