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El robobo de RTVE y los chicos del hampa

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Las cosas de la técnica. Los españoles deben de estar orgullosos por poder asistir en directo, y en palco de honor, a la desintegración de la que ha sido principal cadena de televisión de nuestro país hasta hace unos años. Principal porque era la única, y después por volumen de empleados, facturación, cobertura, publicidad, envergadura y hasta profesionalidad. Primero fue el nombramiento de una persona como Carmen Caffarel, excelente profesora -repiten sus alumnos- pero inexperta en la gestión de una televisión y del día a día del mundo audiovisual. Hasta aterrizar en Prado del Rey, Caffarel llevaba en la docencia desde 1976, catedrática de la Universidad Rey Juan Carlos y doctor en Lingüística Hispánica con una tesis sobre José Ortega Munilla (padre de Ortega y Gasset). Muy pronto, en el verano de 2004, se recogieron los primeros resultados de su gestión: por primera vez desde el nacimiento de las privadas, TVE terminó junio de ese año como la televisión generalista con peor audiencia, por detrás de Telecinco y Antena 3 TV, y sólo por delante de La 2, las autonómicas, las locales y la desaparecida Canal Plus. Después vino la pérdida de Karlos Arguiñano, el popular cocinero, que reportaba al Ente una media cercana al 30% de share y que ahora sirve para reafirmar el éxito de Ana Rosa Quintana en las mañanas de Telecinco. Por cierto que éste iba a ser un asunto para los tribunales, con durísimas imputaciones de por medio. Nunca más se supo. La pérdida de importantes derechos televisivos, como algunos partidos de clubes y de la Selección Nacional de fútbol; o la contratación de espacios que dieron cabida a amigos del partido en el Gobierno (léanse el Gran Wyoming o Julia Otero, por poner dos ejemplos), han contribuido también al declive de TVE, que ha pasado, de un 23-24% de audiencia media, al actual 18-19%. Los expertos coinciden: bajar cinco puntos de “share” no es moco de pavo. Nadie puede escudarse en circunstancias coyunturales. Máxime cuando Telecinco apenas ha variado de manera sustancial su parrilla y sólo Antena 3 TV ha hecho significativos esfuerzos en progresar durante estos meses. Pero el auténtico golpe de gracia de este singular “robobo de la jojoya” (que dirían Josema Yuste y Millán Salcedo) se ha ejecutado tras la salida a Bolsa de las dos cadenas privadas y el nacimiento de Cuatro, la televisión de Jesús de Polanco. Ha llegado la hora de exprimir definitivamente la gallina de los huevos de oro, en beneficio de los de siempre, reduciendo para ello la publicidad de Prado del Rey a la mínima expresión. Durante estos meses, TVE tampoco ha conseguido mejorar su target de audiencia, es decir, ganarse a un público más atractivo para la publicidad, por sexo, edad, estrato socioeconómico o nivel educativo. No parece que sus gestores hayan conseguido aglutinar un público más joven, que le hubiese dado unas garantías de ingresos publicitarios a pesar de la bajada de audiencia. No habría sido descabellado pelear por conseguir un 16% de share pero un 22 de target comercial. No contenta con esto, TVE ha decidido además ser el hada madrina de las productoras. El caso más llamativo tiene que ver con Globomedia, donde —por cierto- pasó muchos años el actual jefe de gabinete de la directora general de RTVE. Caffarel mantiene en antena un curioso programa para debates sociales llamado “59 segundos”, a pesar de sus discretos resultados y de los problemas políticos que le genera. Pero, atentos, que la cosa sigue. El Ente Público acaba de contratar a la tan denostada productora de Karlos Arguiñano con la que se llevaba a matar hasta hace unos meses (qué traición, dejarnos por la competencia) para que se responsabilice de un programa de humor: un espacio de parodias y entrevistas llamado “Made in China”. Otro tanto sucede con la catalana Mediapro, que tanto revuelo armó entre el personal de RTVE cuando llegó a Prado del Rey para hacer un programa obviando a los centros territoriales de la casa, con medios técnicos propios. ¿Alguien lo entiende? ¿No? Pues anoten un dato: las tres productoras pertenecen al consorcio que acaba de presentarse al concurso del nuevo canal de televisión analógico privado. Efectivamente, en “La Sexta” están integradas Globomedia, Mediapro y Bainet, bien secundadas por Drive, El Terrat y la sociedad mexicana Televisa. De esta sencilla manera, el Gobierno ha conseguido su objetivo: ¡privatizar TVE sin escándalos! Dos nuevos canales se van a repartir ese 14% de audiencia que abandona gentilmente el Ente Público, y sin pagar un solo euro por ello. Las que podrían protestar (tontas no son) al ver variado el tablero de esta partida, también han quedado satisfechas: no verán mermadas sus arcas. Y ahora, una profecía: a finales de 2006, TVE estará más cerca del 10% de audiencia que del 15. Tiempo al tiempo. Los chicos malos diseñaron desde el primer momento su gran golpe, que parece irse cumpliendo paso por paso. Así se escribe la historia… de los ladrones de guante blanco.