Sábado 01/10/2016. Actualizado 01:32h

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Tribuna libre

...O rompemos la baraja

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Y Baraja el internacional valencianista parece que quiere romperla. Está indignado el futbolista, porque se siente explotado por los directivos del fútbol y dice que hay que hacer algo porque así no se puede seguir y que tanto jugar al fútbol, partido va partido viene, viaje usted allí y ahora véngase para aquí, acaba con cualquiera.

 

Lejos de la demagogia, realidad evidente por otra parte, de aquello de "lo que cobran y lo que trabajan", que en eso no voy a entrar, lo que no entiende uno muy bien es que un hombre joven, deportista, con un físico envidiable, cuidado al máximo, con sus vitaminas, su alimentación especial, sus masajes, sus baños y demás, dedicado única y exclusivamente a su deporte, a hacer deporte, se venga a abajo precisamente por eso, porque tiene que practicar la actividad para la que, supuestamente, le dotó la madre naturaleza, en la que está en la élite y para llevar a cabo la cual tiene todo a su favor, no tenga el físico suficiente como para hacer, precisamente, eso que tiene que hacer que es jugar al fútbol.

 

Insisto no se entiende. A lo mejor es que su físico no es el apropiado, o que los entrenamientos no responden a las necesidades de rendimiento que se le exige, pero lo cierto es que algo falla cuando muestra esa gran preocupación por tener que jugar 60 partidos en una temporada y prácticamente convoca a sus compañeros a la rebelión contra los clubes que cometen tamaña tropelía.

 

La baraja, según Baraja, está a punto de romperse. Van a acabar con el fútbol, dice agorero, y así no se puede seguir.

 

 Yo estoy seguro de que hay muchos futbolistas, dispuestos a seguir jugando al fútbol y que se sienten más fuertes físicamente que Baraja, pero en cualquier caso la señora Ministra de Sanidad haría bien en revisar la alimentación de nuestros chavales en edad de merecer, y ver si se les puede ir dotando de las fuerzas físicas suficientes como para que a la hora de dedicarse profesionalmente al fútbol y de ganarse la vida por esos campos de Dios, no se nos derrumben por un exceso de partidos, porque las competiciones son largas, la temporada dura y además los mejores, los internacionales, que aún tienen una mayor carga laboral, no sufran hasta esos extremos casi inhumanos.

 

Posiblemente haya que buscar soluciones médicas y terapéuticas en entrenamientos  planificados desde la más tierna infancia, o en la ya mencionada alimentación, o respirando aire puro, o saliendo a la terraza del piso a tomar los benéficos rayos solares. No sé, pero, en cualquier caso, hay que hacer algo, para que hombretones como Baraja no sufran de esa forma y  puedan afrontar temporadas durísimas de sesenta partidos; eso sin mencionar el estrés brutal que supone un partido de fútbol, la incertidumbre del resultado, las injusticias arbitrales, la inhóspita habitación de un hotel y la presión de la grada que  quiere ganar siempre sin tener en cuenta que el hombre tiene una limitada resistencia al sufrimiento físico.

 

No va a ser fácil convencer a los directivos que rebajen la cosa y que se jueguen 20 ó 25 partidos al año, porque hay que sacar las sueldos de los futbolistas y eso sí que es serio; y si no hay función pues no se abren las taquillas y si no se abren las taquillas los talones igual no son de recibo y el banco pagador dice que "nones".

 

Un buen lío que hay que solucionar. Todo menos que Baraja rompa la baraja y diga que ya no puede más con la carga física que le supone su profesión.

 

Y todo esto sin querer hablar del Bosnia - España, que esa es otra.

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