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La sanidad militar: sirviendo a los que sirven

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En el calor de una tarde de verano, entre estertores de muerte, llamadas a una madre que no volverán a ver, rezos suplicando misericordia y salvación, los cirujanos españoles se afanan, junto con sus ayudantes y las voluntariosas cantareras, en paliar el dolor de los sufrientes sean del bando que sean. Es Bailén y es julio de 1808.

Bailén: 1808, el precio de la Victoria. Augusto Ferrer Dalmau. Bailén: 1808, el precio de la Victoria. Augusto Ferrer Dalmau.

Un artículo de...

Pablo Lobato de Enciso
Pablo Lobato de Enciso

Teniente Psicólogo

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En la batalla de Bailén, las fuerzas napoleónicas fueron derrotadas en campo abierto por primera vez marcando un antes y un después en el aura de invencibilidad que tenía el ejército imperial. Es fácil que quienes contemplen “Bailén: 1808, el precio de la Victoria”, obra donada por Ferrer-Dalmau en junio de 2016 a la Inspección General de Sanidad, perciban sensorialmente la composición que representa el lienzo. E incluso imaginen que, a pocos metros, se pueda estar produciendo la velazqueña escena que idealiza José Casado de Alisal en su obra “La rendición de Bailén”.

Quién sabe si mientras se producía la entrevista entre el General Castaños y el General Dupont, los cirujanos y sus ayudantes situados en un penoso hospital de campaña, dotados de útiles limitados, y en la mayoría de las ocasiones obsoletos practicaban amputaciones, curaban heridas y consolaban enfermos. En el cuadro, nos imaginamos las lamentaciones habituales de quienes tenían que ser atendidos en estos paupérrimos hospitales de campaña, descritos como "casas del horror y desesperación y sepulturas de nuestros soldados" según cita Hernández Morejón en su “Discurso económico político sobre los hospitales de campaña”, publicado en Valencia en 1814 y que recoge el Dr. Alfonso Ballesteros Fernández, presidente de la Real Academia de Medicina de las Islas Baleares. Así ha sido, es y será la Sanidad Militar. Fiel cumplidora de su deber en todas las condiciones posibles.

La Sanidad Militar puede sentirse honrada. Acertadamente, el autor de obras como “El espíritu del Jinete” o “La Patrulla”, homenajea a la Sanidad Militar a través de esta escena de la Guerra de la Independencia. Las guerras napoleónicas supusieron la consolidación de los servicios sanitarios castrenses en prácticamente todos los países beligerantes, y naturalmente también en nuestro país, donde ya en 1748 se había creado el Real Colegio de Cirugía para la Armada en Cádiz, y para el Ejército y la población civil en Barcelona en 1760. Mucho ha cambiado la Sanidad Militar española.

Pero quizás, mantiene lo fundamental: la vocación de servicio. A través del estudio, el esfuerzo, el sacrificio, el afán de superación, la Sanidad Militar constituida por las especialidades fundamentales de Medicina, Farmacia, Veterinaria, Odontología, Psicología y Enfermería, participan diariamente en la atención de sus compañeros de armas en territorio nacional, o en las diferentes operaciones internacionales que España, cumpliendo sus compromisos internacionales, realiza con brillantez en el exterior. Próceres de la medicina han servido en sus filas.

Podemos destacar la figura del Capitán Médico Santiago Ramón y Cajal, premio Nobel de Medicina en 1906 y que participó en la Guerra de los Diez Años en Cuba, o el Comandante Médico Fidel Pagés Miravé, descubridor de la anestesia epidural. Es además un cuerpo heroico con 89 laureados. Célebres son los veterinarios militares que no dudaron en sacrificarse en las Guerras de Marruecos. Nombres como Abarran, Annual, el Zoco el-Telatza, quedan indisolublemente ligados a la Veterinaria Militar. Pero, no hemos de remontarnos tanto tiempo en la historia de España.

Hoy, las mujeres y hombres que conforman la Sanidad Militar honran el uniforme participando en las misiones más arriesgadas junto a sus compañeros de armas. Como en el destacamento Helisaf en Afganistán, donde alcanzaron cifras superiores a las 1000 evacuaciones. O más recientemente en las misiones Atalanta y Sophia en las que contribuyen al rescate de miles de personas que naufragan en el Mediterráneo.

También para que la vida se abra camino en medio de la desesperación, como muy recientemente hemos visto en la Fragata Navarra, donde una hermosa niña vino a nacer arrojando luz a lo que hasta entonces sólo era oscuridad y desolación. Allí donde un soldado español esté cumpliendo con su deber, encontrará a su lado la figura del sanitario para atenderle, para administrarle un medicamento, para ofrecerle escucha y consuelo, para favorecer que las condiciones en las que desempeñen su trabajo estén sanitariamente acondicionadas, o para asistir a las poblaciones locales en los territorios en los que se encuentren. La Sanidad Militar actúa allá donde se la necesite y siempre estará: PARA SERVIR.


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