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Tribuna libre

Una semana decisiva para Italia y para Europa

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El referéndum del primer domingo de diciembre en Italia no afecta sólo a la política nacional, pues se realiza en momentos críticos en que se dilucida también el futuro de Europa, tras el Brexit, aunque con la previsible continuidad del liderazgo de Alemania.

Un artículo de...

Salvador Bernal
Salvador Bernal

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Tras la previsible alternancia en Francia el próximo mes de abril, Angela Merkel o Martin Schulz –que dejará la presidencia del parlamento europeo para liderar el SPD en las próximas elecciones-, pueden contar o no con el apoyo de Italia, que no pasa ciertamente por su mejor momento político ni económico. Es más, el riesgo de un fracaso de Matteo Renzi podría dar nuevas alas al menguado movimiento grillino, una mezcla explosiva de populismo y acracia, omnipresente en las redes sociales (por su parte, plantea otro referéndum: la salida del euro).

Los italianos tendrán que dar el sí o el no a un proyecto de reforma constitucional más bien complejo. Incluye aspectos que vienen discutiéndose desde hace años. De hecho, ha sido preciso convocar la consulta, porque no consiguió los dos tercios de votos en las cámaras parlamentarias italianas. Pero también entre los partidarios del cambio hay bastantes que no aceptan el procedimiento de Renzi, que constituye a su juicio más bien un plebiscito que un referéndum. El propio presidente del gobierno ligó su continuidad al voto mayoritario del sí en la consulta popular.

Desde siempre se ha reprochado a la constitución vigente que facilita la inestabilidad política. Se recuerda el número excesivo de gobiernos distintos desde el final de la guerra mundial y la aprobación de la carta magna republicana: 65, casi uno por año. Para facilitar la gobernabilidad, el Senado sería reducido a la mínima expresión política: cámara territorial con reducidas competencias; en cambio, se premiaría a la lista de diputados más votada –al menos 40% en primera vuelta, o victoria en el balotaje- con un número añadido de escaños para asegurar mayoría absoluta y continuidad. En fin, se potenciaría al gobierno central frente a las actuales regiones, que han ido creciendo en competencias.

En esa línea, se ha comentado mucho dentro y fuera de Italia, la postura contraria de The Economist, que subraya los inconvenientes dentro de la necesidad de reforma. Le preocupa la posibilidad jurídica de favorecer un “hombre fuerte”, como Benito Mussolini –o simplemente otro Silvio Berlusconi-, justamente lo que pretendía evitar la constitución aprobada en 1948 con su peculiar sistema de poder y contrapoderes. Todo, sin contar con las consecuencias para Europa de la reciente elección de Donald Trump.

Esa visión negativa se suma a la de amplios sectores de la derecha –a pesar de la ambigüedad de Berlusconi-, de la Liga del Norte –siempre cambiante en sus apoyos a Roma, liderada ahora por otro Matteo: Salvini-, del populismo liderado por Beppe Grillo, de corrientes de izquierda y de personalidades individuales no partidistas pero con prestigio social, como Mario Monti.

En síntesis, se critica a Renzi el modo no claro de plantear la consulta a los ciudadanos, el riesgo de nuevos cesarismos y derivas antidemocráticas, la vuelta al centralismo –encarnado en las provincias por un prefecto dominador, a la francesa-, la pervivencia de un bicameralismo con un Senado territorial difuso en sus competencias.

Desde mi punto de vista personal, lo más negativo es que Renzi no se ha atrevido a abordar la reforma de la administración de justicia, tan necesaria en Italia, tras la experiencia de los últimos decenios. En cambio, las razones de otros líderes políticos, regionalistas o de la izquierda, se sitúan más en la situación actual de Italia, o en acusaciones demasiados simplistas: rechazo del euro o de impuestos excesivos, el paro de los jóvenes que deben emigrar, la sumisión a Bruselas y a la oligarquía financiera (por cierto, en grave crisis), la debilidad con respecto a los refugiados.

Europa –y España- se juega mucho en este referéndum, como ha escrito Enric Juliana enLa Vanguardia: “Si Renzi triunfa, se convertirá en líder emergente. Dentro de un año podríamos estar hablando de la troika Angela Merkel, François Fillon, Matteo Renzi”. Dudo que sea así, pues la crisis económica de Italia es más fuerte de lo que parece. Pero, en todo caso, no favorecerá los intereses españoles, tan divididos en estos momentos y ante un futuro próximo demasiado incierto.