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Tribuna libre

La señora Cashman y el sombrero robado

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Todo aquel que haya trabajado para Bono, Lennon o Jagger tendrá algo que contar a sus nietos. Seguro. Pero nada más. Tratar de enriquecerse –sin permiso- a costa de la vida, el trabajo o la fama de otro es una de las decisiones más viles que puede tomar un ser humano. Puntualmente aparecen pequeños estafadores en cualquier lugar del mundo. Publican libros, salen en los programas del corazón y ofrecen ruedas de prensa multitudinarias.

 

Muchos han sido sirvientes, sastres o mecánicos en casa de estrellas mundiales. Al principio cuentan experiencias reales, cosa que causa un gran impacto mediático. Hablan de lo cotidiano sin llegar a lo íntimo. Después se animan, huelen los dólares y comienzan a sacar los trapos sucios de esas estrellas. Crece su audiencia y se anima su negocio.

 

Si con el paso del tiempo, el tenderete tiene posibilidades de ampliarse o simplemente se ha terminado el discurso revelador, muchos caen en la bajeza aún mayor de inventarse nuevas anécdotas. Corren los dólares como caballos salvajes. Publican nuevos libros, conceden entrevistas y acaparan una cierta relevancia social. Ayer no eran nada y hoy saben más que las propias estrellas sobre vidas ajenas. Y sus cuentas corrientes pasean sonrientes por las calles de la alta sociedad saludando ostentosamente a diestro y siniestro.

 

Cuento esto porque acabo de enterarme de que Lola Cashman, ex estilista de Bono, ha perdido el juicio –en todos los sentidos- con el líder de U2 y deberá devolverle todas las prendas que había robado al artista. La ex estilista había intentado subastar objetos personales de Bono, además de buena cantidad de fotografías tomadas entre bastidores.

 

Cashman, en su defensa, trató de convencer al juez de que Bono le había obsequiado con diversos objetos –entre ellos el mítico sombrero Stetson de las giras de U2 de finales de los 80- tras un concierto en Phoenix. Para dar mayor credibilidad a su testimonio, asegura que el artista le hizo esos regalos después de bailar y brincar en paños menores por los camerinos del recinto. Por supuesto, todos los seguidores de U2 sabrán que Bono y el resto del grupo tienen por costumbre este tipo de rituales al terminar cada actuación... No tienen nada mejor que hacer.

 

Al margen de la extraordinaria imaginación de Cashman, el enfado de los miembros del grupo creció en 2004 cuando ésta publicó el libro: “Dentro del Zoológico con U2: Mi vida con la mayor banda del mundo”. Parece que esta señora había encontrado ya su filón de oro.

 

Como ya he comentado en otras ocasiones, Ebay y la Red en general, han contribuido al increíble aumento de las subastas de objetos, personales y absurdos, de famosos de todo tipo. Un mundillo, no exento de antológicas estafas, que ya mueve importantes cantidades de dinero. Fundamentalmente por la estupidez del comprador y la habilidad perniciosa del vendedor.

 

Bono recuperará su ropa. Ha ganado esta demanda y se ha llevado una gran alegría. Llevaba años buscando su mítico sombrero Stetson. Imagino la cara de piedra que se le quedó cuando se enteró de que su ex estilista trataba de colarlo en una subasta en Londres, seguramente a un precio millonario.

 

Negocio fallido para Cashman que deberá volver al estilismo. Victoria para Bono que tiene todo el derecho del mundo a tener bajo su control sus recuerdos personales. Aunque sea famoso y millonario. Nada disculpa actitudes como la de la señora Cashman, cuyo nombre añadimos hoy al elenco de listillas y listillos de carácter internacional.