Sábado 03/12/2016. Actualizado 01:21h

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Tribuna libre

El show de las camisas negras

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No sé si las camisas que lucen los políticos de la Esquerra Republicana de Cataluña son negras o simplemente de colores oscuros, pero para el caso es lo mismo. Ya desde tiempos del franquismo las indumentarias de los políticos han tenido una cierta relevancia y han sido una especie de indicador de por dónde iban los tiros en un momento dado. Si el dictador iba vestido de falangista había exégetas que deducían una serie de situaciones políticas en una concreta dirección; lo mismo se analizaba el traje de paisano, el de cazador o el de militar e, incluso aquí, se matizaba si era del ejército de tierra, del aire o de la marina. Una verdadera ciencia. La transición no le fue a la zaga en esto de las indumentarias y fueron muy significativas aquellas maratonianas reuniones de Adolfo Suárez y Carlos Garaicoetxea -lehendakari por aquel entonces- en las cuales el Presidente del Gobierno prestaba camisas limpias y recién planchadas al político vasco. Y qué decir del cambio radical que significaron en la sede del entonces Movimiento Nacional las camisas blancas que impuso Torcuato Fernández Miranda en sustitución de las reglamentarias "azul mahón". Y ya en plena democracia marcaron una tendencia las cazadoras de Felipe González, las indumentarias seudocastrenses de Narcís Serra, la ropa agreste y de monte de Arzallus en los "egunas" de las campas de Salburúa, la famosa "chupa" de cuero de Trinidad Jiménez, los fines de semana deportivos y andaluces de Javier Arenas o el más reciente desenfado -lo de desenfado es un decir- de los ternos de Mariano Rajoy. Todo tiene su significado. Pero nada como las camisas de los señores de la Esquerra que nos tienen en un ejercicio analítico continuo. Igual, de la camisa oscura o blanca o con rayitas de Carod Rovira depende un artículo del Estatut, o la negritud del jubón de Puigcercós nos indica que va a haber un nuevo desplante a Maragall, y no digamos nada de las camisas de Huguet, que pueden ser presagio de una guerra civil, por más que camisas y guerra las pongamos entre comillas. Y es que estos republicanos separatistas son muy suyos, porque igual que cambian de camisa -dicho sea sin afán peyorativo- cambian de idioma y hay que verles y escucharles en torno a las Ramblas y a la Plaza de San Jaime hablando en el más puro catalán del Ampurdán y, sin embargo, cuando quieren hacerse entender por otros caminos y en otras circunstancias su español es perfecto e incluso sin demasiado acento del Penedés. Es como si además de la camisa se cambiaran el "chip" del idioma con una absoluta naturalidad. Ya hay exégetas de las camisas. Si Carod aparece en la Moncloa a sus secreteos con Rodríguez Zapatero con camisa clara es que quiere mandar un mensaje al resto de España. Si va al Palau de la Generalitat con camisa oscura y corbata más oscura aún, que se prepare Maragall porque las exigencias separatistas van a ser de órdago. Y que tiemble el mundo del fútbol cuando los de Esquerra aparecen en el palco del Nou Camp con camisa negra y sin corbata. De auténtico sobresalto.

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