Jueves 29/09/2016. Actualizado 01:00h

  • this image alt

elconfidencialdigital.com elconfidencialdigital.com

La web de las personas informadas que desean estar más informadas

·Publicidad·

Tribuna libre

Los silencios de Zapatero

    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:

Este martes, el líder de la oposición, Mariano Rajoy, visita La Moncloa para mantener una entrevista con el Presidente del Gobierno. Va a ser, por así decirlo, la escenificación de la “rentrée” política, tras el periodo vacacional. Por mi parte, considero que la normalización de este tipo de encuentros es un buen síntoma democrático. Sin embargo, me apuesto pincho de tortilla y caña a que, del paso del líder del PP por el complejo presidencial, no saldrá nada de nada.

 

El encuentro ha sido concertado tras repetidas peticiones de Rajoy, que dice sentirse muy preocupado por la situación del país, y que ha anunciado ahora que acude a La Moncloa “a preguntar”.

 

Dos cuestiones inquietan sobre todo el líder popular. Dos asuntos centrales, que constituyen igualmente motivo de desazón para otros muchos españoles, entre los que me incluyo. Son: el modelo de Estado y la situación de la economía.

 

En cuanto a lo primero, abundan los indicios de que el actual Gobierno, y por tanto su Presidente, no parece tener modelo alguno de cómo quiere que sea esta España nuestra, y va improvisando, chalaneando, concediendo... a unos nacionalistas cada vez más envalentonados, que, por si fuera poco, caminan flanqueados, y en ocasiones sobrepasados, por el fraternal PSC de Maragall.

 

Ahora hemos vuelto a oír hablar de la implantación de Tribunales Superiores de Justicia Autonómicos, del derecho de veto de las autonomías llamadas “históricas” en el Senado, y últimamente –y esta vez desde el socialismo vasco- de una Seguridad Social transferida a las Comunidades Autónomas... Además de no saber con exactitud qué concesiones ha hecho Zapatero a Ibarretxe para garantizarse el voto del PNV a los próximos Presupuestos del Estado.

 

Y en cuanto a la economía, empiezan a cumplirse, demasiado pronto, los más pesimistas presagios. Por vez primera en años, el crecimiento económico se ha ralentizado, previsiblemente ya no alcanzaremos las previsiones marcadas para este año, hemos dejado de crear empleo (en agosto, las peores cifras desde hace veinte años), petardea y amenaza con quedar gripado el motor de la construcción (el denostado “ladrillo”, en boca del PSOE cuando se encontraba en la oposición), el turismo ya no nos resuelve los problemas...

 

Pero, con ser negativo, no es lo peor que las cosas vayan mal. Lo pésimo es no saber hacia dónde caminamos. Ni en lo autonómico, ni en lo económico. No hay más que ver la plétora de anuncios y desmentidos que protagonizan los Ministros, uno tras otro. En el entorno económico, esto último es una gran desgracia. Sabido es que el empresario necesita certezas. Buenas, o malas, pero certezas. Es decir, quieren saber qué les espera, porque eso les permite tomar decisiones en uno u otro sentido y prepararse. Pero lo peor que puede ocurrirles es el desconocimiento de qué política va a desarrollar el Gobierno, porque, ante la duda, optan por quedarse quietos, por no hacer nada.

 

Mariano Rajoy acudirá el martes a La Moncloa a preguntar sobre todo esto. Y –repito la apuesta- saldrá de allá sin ninguna respuesta. No sólo porque Zapatero tiene la costumbre de no contestar, como demostró ampliamente en el enfrentamiento con Rajoy durante el debate de investidura. Entonces, el gallego líder del PP se dedicó a plantear una batería de cuestiones muy precisas, y el candidato a la investidura a hacer como que no había oído y a no responder a ninguna. Volverá a practicar esa táctica el martes. Pero no porque tenga una fijación de no responder, no. Más bien creo que es porque no tiene respuestas.

 

Si Zapatero cree que gobernar un país consiste en legalizar el “matrimonio” de homosexuales, autorizar el aborto libre, promover el divorcio, o asistir a películas en favor de la eutanasia, está muy equivocado. Lo malo es que lo pagaremos nosotros.