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Tribuna libre

El ‘talante’ del nuevo ministro

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Fernández Bermejo recuerda mucho a ese fichaje ‘pufo’ del Real Madrid, Thomas Gravesen, que salía acelerado y podía partirle la pierna a alguien.

Se le nota que, utilizando un símil futbolístico, tiene “hambre de balón” y su primera actuación recuerda mucho a uno de esos últimos fichajes “pufos” del Real Madrid, Thomas Gravesen, que saltaba al campo acelerado de revoluciones, y en la primera entrada que hacía podía partir la pierna al primero que pasara por allí. El nuevo ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo nos va a dar a los periodistas muchos días de “gloria”, porque se le ve lenguaraz, con ganas de gresca. A buen seguro tendremos abundantes titulares.

En su toma de posesión, que suele ser un acto protocolario tranquilo, sosegado, donde el ministro saliente le entrega la cartera y se pronuncian unas palabras para salir del paso, Fernández Bermejo aprovechó para mandar dos recados: uno al Consejo General del Poder Judicial, del que dijo que era un órgano deslegitimado y al PP al que acusó de no haber sabido aceptar la derrota electoral de marzo de 2004 y de ser el causante del acoso a los jueces. Para empezar no está nada mal.

Cuesta entender cual es el propósito final que persigue Zapatero con el nombramiento de este ministro ciertamente polémico. Algunos dicen que el Presidente quiere en este último año de legislatura “ir a por todas” en el terreno judicial y que para eso necesitaba a una persona como Fernández Bermejo. Suponiendo que eso fuera así, al Presidente no se le escapa que hoy por hoy, y quizás muy a su pesar, la democracia sigue siendo un régimen de opinión pública y esto pesa mucho en la toma de decisiones. Por otra parte, el Gobierno está sometido al control del Parlamento, por lo que todos los desmanes que tuviera en mente llevar a cabo el nuevo ministro de Justicia se encontrarían con unos controles muy severos.

Un ministro de Justicia que sea portada un día si y otro también en los medios de comunicación no hay Gobierno que lo aguante por mucho que este ejecutivo tenga una poderosa maquinaria de agitación y propaganda. La opinión pública puede aguantar las “gracietas” de la ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo que un día se le ocurre lo de las “soluciones habitacionales” o de la de Sanidad, Elena Salgado, con lo de las hamburguesas o la de Medio Ambiente, Cristina Narbona, queriendo regular la fiesta de los toros, pero el Ministerio de Justicia es uno de los pilares fundamentales de un Gobierno –junto a Exteriores, Economía, Interior y Defensa- y no se puede permitir el espectáculo de tener un Ministro que esté continuamente en el ojo del huracán.

Cierto es que el principal partido de la oposición no le dio ya cien, sino ni un solo día de gracia, ya que el que fuera ministro de Justicia en el último Gobierno de Aznar, José María Michavila, arremetió duramente contra Fernández Bermejo nada más conocerse que éste iba a ser nombrado ministro. Debería haber sido Michavila más cuidadoso, porque cuando uno ha estado sentado a la mesa del Consejo de Ministros no da buena impresión criticar a quien va a ocupar esa misma silla, aunque tenga motivos para hacerlo.

Veremos que rumbo toma Mariano Fernández Bermejo. El se definió hace ya tiempo como “una persona de izquierdas” y sabemos además que también dijo en un momento determinado aquello de que “hemos tenido que luchar contra sus padres y ahora nos toca hacerlo con sus hijos” en referencia al PP, lo cual en una persona cuyo progenitor fue jefe de la Falange en el Valle del Tietar, no deja de ser, al menos, un poco sorprendente. Pero ya se ve que este ministro puede romper moldes. Malo será que en el camino destroce y rompa más cosas y, la verdad, no está el patio nacional y más concretamente el de la justicia para muchas bromas.

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