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Otro tercer mundo es posible

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Entre el castrismo y el indigenismo, ahí están los Saramago, Sábato y Galeano, más José Bové y Rigoberta Menchú

A Jean-François Revel, in memóriam   El municipio de Rivas Vaciamadrid es el lugar elegido por el Foro Social Mundial de las Migraciones para la celebración de su segundo encuentro el próximo mes de junio. Según leo en su página web, este organismo aglutina a «organizaciones de la sociedad civil que se oponen a la globalización neoliberal dirigida por las grandes corporaciones transnacionales y por quienes sirven a sus intereses y a las consecuencias de su dominio». Como soy presidente de una petrolera, consejero delegado de una empresa de telecomunicaciones y accionista mayoritario de un gran banco, tengo enormes dudas sobre la bondad de las consecuencias que puede traer la acción de este Foro.   Si fuera un ciudadanillo corriente y no ganase miles de millones de euros, de dólares y de yenes en plusvalías, podría conceder que sus integrantes quizá tuvieran algo de razón. Podría, siempre y cuando no echara una ojeada a la nómina de invitados ilustres que participarán en el encuentro de Rivas, porque todos ellos han acreditado una contumacia encomiable para apoyar causas perdidas: perdidas precisamente por estar abocadas a ser perdedoras. Entre el castrismo y el indigenismo, entre el populismo y el entusiasmo arancelario, la lista de estrellas globófobas conmueve: entre otros, están los jóvenes de espíritu –los tres «muy siglo XX», que diría Ortega– Saramago, Sábato y Galeano, más José Bové y Rigoberta Menchú.     Insisto, si yo tuviese una dedicación diferente a la de esquilmar pueblos indefensos bajo el amparo de leyes promulgadas por gobiernos sumisos a mi persona, acaso no viera del todo mal que el Foro haga propuestas «para la protección de los migrantes y la desaparición de las causas de los desplazamientos forzados», según proclama. Acaso lo aceptase, pero siempre que no entrara a analizar los datos macroeconómicos, el grado de transparencia en la gestión y la salud democrática de aquellos países que las estrellas globófobas toman como referencia. Porque si me saliese de la teoría biensonante y descendiera a la triste realidad, sólo hallaría miseria, despilfarro y coacciones con una envoltura de bellas palabras.   La paradoja suprema del Foro es su pretensión de acabar con las causas de la pobreza ahondando en las medidas que conducen a ella y combatiendo aquéllas que han demostrado su eficacia para erradicarla, y que precisamente pasan por la llamada globalización neoliberal. Pero de esto no se fíen mucho, porque se lo dice uno de los empresarios más rapiñadores que ha visto el devenir de los tiempos. Claro que, aunque no lo fuera, les aseguro que jamás se me ocurriría emigrar a Cuba, a Bolivia o a Venezuela. Para disfrutar de paraísos artificiales, prefiero quedarme en casa leyendo a Baudelaire.