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Tribuna libre

Nos vamos de campaña

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Los resultados del CIS han desatado los nervios en el Partido Socialista y ya estamos todos de campaña. Hay que retomar el pulso a la opinión pública como sea y quitarle las bazas al adversario. Hasta ahí todo bien. Pero la realidad es que entre Ferraz y La Moncloa se está abriendo un abismo de diferencias de criterio y, sobre todo, de reproches mutuos que va a ser muy difícil cerrar. Ahora mismo hay un partido que sostiene a un Gobierno que va a la deriva y pudiera ocurrir que el Partido se negara a sostener la situación - o pusiera condiciones- al menos de puertas para adentro.

 

El enlace es José Blanco y la figura de Rodríguez Zapatero se desdibuja cada vez más en el Partido Socialista para intentar apuntalar a un Gobierno que se derrumba por momentos. Rodríguez Zapatero puede estar más o menos cómodo en el Consejo de Ministros, pero dónde está absolutamente incómodo es en la Ejecutiva de Ferraz. El problema no lo tiene el Presidente del Gobierno en la Oposición sino en sus propias filas. Se alzan voces que reclaman un giro, que piden un portazo a las exigencias nacionalistas y un cambio de rumbo que saque al propio Partido Socialista del atolladero.

 

En Ferraz no se recuerda una disociación de tal calibre entre el Partido y el Gobierno. Las soluciones son varias pero todas pasan por un giro desde La Moncloa. El problema reside en saber si el inquilino está en disposición de dar ese giro. No ya si quiere darlo, sino si puede darlo. Mientras, se pide desesperadamente que se hurgue en el Partido Popular, en cualquiera de las autonomías, con gobierno o sin él, y que se pueda sacar algo a la luz pública, por ejemplo un escándalo que -por mínimo que sea- sirva para poner en marcha el ventilador.

 

Al mismo tiempo se intenta forzar un cambio de caras en el Consejo de Ministro que dé un respiro en las encuestas y -lo que es más grave- se está intentando bajar el perfil del Presidente para que el desgaste se frene en la caída tan libre que está soportando. Dar más protagonismo a los Ministros y restarle presencia a Rodríguez Zapatero. Cobijarlo bajo el paraguas mientras dura el aguacero.

 

Es una especie de campaña electoral pero más bien, de puertas adentro que de puertas afuera. Lo que ocurre es que los problemas de un Gobierno son los problemas de todos. Los frentes que, de forma alocada, ha abierto el Gobierno con su Presidente a la cabeza, son demasiados y demasiado graves como para que un simple cambio de caras los solucione. Cuanto más tiempo transcurra más difícil va a ser para todos.

 

Las exigencias nacionalistas -lejos de disminuir- van a ir en aumento y no se puede esperar una tregua de quienes han hecho de la debilidad del Gobierno su mejor arma.

 

La oposición va a seguir apretando y la opinión pública le ha perdido el respeto a unos Ministros que han agotado su crédito en un brevísimo periodo de tiempo.

 

Los enanos van a seguir creciendo en el circo que ha montado Rodríguez Zapatero y las salidas cada vez son menos y más estrechas. Nadie le va a ayudar y en su partido le van a exigir responsabilidades una encuesta sí y otra también.

 

Un panorama sombrío.

 

Tal y como se ha desarrollado el primer año y medio de Rodríguez Zapatero estaba claro que sus problemas- más que del Partido Popular- iban a venir del propio Partido Socialista. Su llegada a la Secretaría General del PSOE fue extraña, y extraña fue su llegada a La Moncloa.

 

El que ambos acontecimientos le pasaran factura -fuera y dentro de su propio Partido- era cuestión de tiempo.