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Tribuna libre

La verdad incómoda de la Rolling Stone

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A los de la popular revista musical, lo del cambio al verde, por fortuna, no les ha salido del todo bien: se niegan a usar papel reciclado que se carga las fotos.

Me han emocionado los de la revista Rolling Stone. No vean qué lagrimones. Qué corazón más grande. Qué espíritu más verde. Qué buen rollito. Acaban de anunciar que la revista pasa a ser verde, o sea ecológica. Además han dicho que, en una muestra de cruzada verde sin precedentes, de extrema generosidad pro ecologista, de suma “sensibilidad” –¡va por usted, ministra!- medioambiental, planean hasta incluir en su publicación una entrevista con Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, conferenciante de elevado caché que amasa cada día una fortuna mayor, y cara visible del “movimiento pro cambio climático”.

A los de la popular revista musical, lo del cambio al verde, por fortuna, no les ha salido del todo bien. Y digo “por fortuna”, porque ya está bien de que listos de colorines nos tomen por homogéneos tontos de capirote. Resulta que los señores de la RS han decidido pasarse a un “papel ecológico”. Difuso concepto verde de poca popularidad hasta hoy. En realidad su “papel ecológico” se elabora en una fábrica canadiense que, desde el año 2005, ha reducido en un 82% la emisión de gases invernadero. En teoría la RS se imprimirá en el llamado “papel neutral”, que se fabrica sin emitir CO2 a la atmósfera. La revista Times –con muy poco espíritu verde en esta ocasión y con bastante mala uva- ha dejado con las posaderas al aire a los jefes de la RS al desvelar que lo que se están callando es que su nuevo papel no es reciclable.

Los ecologistas han pedido ahora a la RS que acceda, como han hecho muchas otras revistas, a convertir sus gruesas y brillantes páginas a todo color, en débiles y ecológicas hojas de papel reciclado. Los diseñadores han efectuado las pruebas pertinentes y se han negado en rotundo. “Las fotos perderían valor”, aseguran. Y yo celebro por todo lo alto la sinceridad de quien ha explicado esto, ya que está confesando sin pretenderlo cuál es el objetivo real e intocable de la revista: las fotografías. ¿Y qué tienen que ver con la música, se preguntarán? Pues nada, lo de siempre. Lo que interesa no es hablar de música, sólo de música. No señor. Lo importante, que al final ni ustedes ni yo tenemos ni idea de periodismo musical, es que Paulina Rubio salga hermosa como una fruta primaveral en las páginas centrales y que el tonto ese de los ojos de colores salga con toda su basura bien retratada en la gran portada de la revista. Esto es exactamente lo que les conté hace algunas semanas que denunciaban los autores del estudio del OCTA sobre las revistas juveniles.

Y en cuánto a lo de entrevistar a Al Gore no sé qué quieren que les diga. En España, entre los periodistas, los “pro tesis del cambio climático” son legión. Están por todas partes. No hay debate posible. Todos llevan a sus portadas una y otra vez las presuntas “consecuencias del cambio climático” como única demostración del mismo. Poco importa que la comunidad científica no haya logrado ponerse de acuerdo. Que haya tantos datos para afirmarlo como para negarlo. Que Al Gore viva en su casa de manera extrañamente contraria a lo que predica con tanta gravedad por el mundo adelante. O que no estemos en condiciones de demostrarlo; lo cual, dentro de mis muy limitados conocimientos científicos, es parte esencial en toda ciencia. Pero no seamos ilusos. ¿Qué importa la comunidad científica frente a un tipo como Al Gore? ¿Quién va a seguir discrepando cuando quienes se han opuesto a las tesis de Al Gore han recibido sugerentes amenazas de muerte una y otra vez?

Lo fácil es hablar del cambio climático con familiaridad. Incluso en una revista de música. Como si el calentamiento global campase a sus anchas en algún sillón de nuestro salón a la hora del café. Nos encanta eso de tener una explicación para todo. Algo de que hablar. Y por eso el mundo se ha plagado de pequeños científicos expertos en climatología. No recuerdo jamás un caso tan absurdo de unidad social en torno a una teoría científica que está tan en el aire. Una teoría que podrá demostrarse como cierta finalmente, pero que no será más o menos verdadera hoy porque la asuman y la prediquen un mayor o menor número de políticos, medios o personajes populares. Medios a los que ahora se suma, con gran compromiso y gran publicidad –tal vez muy estudiada-, la emblemática revista Rolling Stone.

Lo malo es que escarbando un poco en los principales defensores del calentamiento global y en los ultras ecologistas del momento –como los que hace días amenazaron de muerte a la cantante Jennifer López por utilizar pieles- encontramos agua turbia. Como suele suceder detrás de casi todo ecologismo radical, comienza a asomar que su principal razón de ser es el odio encubierto a las formas de vida de occidente y al capitalismo. Que lo de la naturaleza es la parte bucólica de la lucha y, aunque no en todos los casos, esta es también la excusa. El fin que justifica los medios.

El tiempo –frío o caliente- dará o quitará razones. A nosotros, Al Gore y a los verdes jefes la RS.

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