Martes 26/09/2017. Actualizado 01:00h

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Había una vez un circo

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A La Sexta -que ya era un circo- le faltaba el payaso. Y ya lo encontró. Y, además, en los informativos. Lo que pasa es que el payaso era Rajoy.

A La Sexta -que ya era un circo- le faltaba el payaso. Y ya lo encontró. Y, además, en los informativos. Lo que pasa es que el payaso era Rajoy, y su aparición ha dado lugar a todo tipo de especulaciones y cabildeos, por mucho que se haya querido justificar la aparición del presidente de los populares con la apelación al error involuntario y a cosas de la técnica. Cuando se manipula tanta basura al final uno mete la pata.

Además de que llueve sobre mojado y que no es la primera vez que en la cadena se producen esos ‘fallos’, lo cierto es que desde un punto de vista estrictamente profesional no son de recibo tamaños ‘errores’. Cualquiera que tuviera un desliz semejante en su fábrica, en su oficina o en su laboratorio sufriría consecuencias más graves que las de una simple disculpa.

El error en insertar imágenes que no corresponden en una información, no es tan fácil de cometer y cualquier profesional de la realización puede corroborarlo. No tiene nada que ver con el fallo que supone emitir una pieza distinta a la anunciada o que incluso el audio se ‘traspapele’ con una imagen que no corresponde, pero la aparición, sin más, de una imagen concreta, fugaz y como colada de rondón en la información, es eso, colada de rondón y eso no es corriente hacerlo de manera casual.

Allá cada uno con su forma de entender la televisión e incluso de respetar su profesión, a los compañeros o a quienes participan en un trabajo determinado, pero sin excusas, sin pretextos absurdos que nadie cree y que a nadie convencen.

El circo es de esos lujosos, de tres pistas. Son pistas vistosas y de gran éxito. Pistas en las que se presentan espectáculos de las zafiedades y groserías más divertidas, incluso en los descansos o intermedios, y pistas en las que todo está vigilado por quienes se ocupan de saber lo que hicieron los demás.

Todo con mucho humor, con mucho desenfado, con muchos errores y con muchas demandas que, al parecer, son las que dan audiencia.

La televisión, que antes se dedicaba a hurgar en vidas ajenas, ahora se ocupa de hurgar en realizaciones que no le son propias. Es divertido ver cómo a estos iconoclastas de todo -o de casi todo- se les puede aplicar aquello de la paja y la viga en ojos propios y ajenos. Pero es lo mismo. El circo ha perdido el sentido del pudor y de la propia estima.

Al lado de lo que se ve y se escucha, incluso en los “intermedios”, y lo que hay que soportar en investigaciones para averiguar lo que hicieron los demás, el “error” de colocar a Rajoy de payaso en la pista central de los informativos, se queda en nada.

Un simple “fallo”.

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