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Tribuna libre

Había una vez un circo

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Ya lo había escrito San Mateo en su Evangelio: ‘Unos Magos llegaron de Oriente a Madrid, preguntando, ¿dónde está el alcalde Ruiz Gallardón?

Ya lo había escrito San Mateo en su Evangelio: ‘Unos Magos llegaron de Oriente a Madrid, preguntando, ¿dónde está el alcalde Ruiz Gallardón?, pues vimos su estrella en Oriente y hemos venido a cumplimentarle... y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta pararse en el sitio donde estaba el alcalde y entrando en el edificio del Ayuntamiento –antes Correos- vieron al alcalde con Alicia Moreno, su concejala, situado en una especie de ‘pasarelacibeles’ y le saludaron y le colocaron un discurso.

Al final el Rey Melchor, que leía el discurso, aludió a un tal Niño Jesús del que dijo que era Dios y Rey y Hombre y que no se sabe muy bien qué tenía que ver con todo aquel tinglado. Supusimos que le habían ofrecido sus tradicionales regalos en privado, en algún Belén recóndito que nadie vio encima de la pasarela. Se despidieron del alcalde y continuó el circo.

Y esa fue la conmemoración de lo que nos cuenta San Mateo en su Evangelio y que realmente es una historia distinta. Pero es igual.

Hay que reconocer el mérito de Ruíz Gallardón, de Alicia Moreno y de Delia Picirilli, que son capaces de montar una ‘cosa’ que transcurre por las calles de Madrid, durante cuatro horas, que rememora un hecho concreto –se crea o no se crea- y en el que es imposible encontrar la menor alusión a ese acontecimiento y al Protagonista. Sólo al final el Rey que leía unas palabras aludió a ese Tal Niño Jesús, que estaba de ‘convidado de piedra’ en el sarao.

Los Reyes llegaban a bordo de constelaciones del zodíaco, mientras una esforzada reportera hacía una reflexión sobre los dioses del Olimpo, un coro de jovencitas argentinas, cantaba canciones de los Beatles, un ballet moderno danzaba -vaya usted a saber qué- y los niños abrían paraguas y los colocaban al revés, para recoger más caramelos.

Títeres, marionetas, faunos, ninfas, marcianos, danzantes... lo más aproximado al relato evangélico que, supuestamente, se recordaba, eran unos borriquillos que habían llegado de Alcalá de Henares.

Esa fue la cabalgata de los Reyes Magos que pudieron ver todos los niños españoles a través de TVE. Todo muy ‘equidistante’, muy aséptico y como haciendo un esfuerzo para no herir ninguna sensibilidad que no fuera demasiado religiosa.

Vamos, que le debió gustar hasta a Llamazares.