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Tribuna libre

La vida del añorado Enrique Urquijo

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Me acerqué a su música al agonizar el verano del 94. En esos días norteños en que el sol empieza a debilitarse. Ya no calienta, sólo alumbra. Son las tristes últimas horas de unas vacaciones llenas de buenos momentos. Que pronto, serán recuerdos. No pude escoger un tiempo mejor para profundizar en Los Secretos. A mediados de los 90 eran un grupo respetado y reconocido en el panorama musical. Había escuchado y conocía varias canciones de los hermanos Urquijo, pero realmente no me había casado todavía con su estilo. El directo de Los Secretos, editado en 1988, me atrapó en pocos días, convirtiéndome en fiel seguidor del grupo. Ya en septiembre, en esos días difuminados tras el descanso estival, “Sobre un vidrio mojado”, “Otra tarde” o “Volver a ser un niño” anunciaban un otoño lluvioso pero acompañado de la melancólica y única voz de Enrique Urquijo. Capaz como nadie de acertar en la diana de las emociones cotidianas. Con la sencillez del niño, la sensibilidad fina de un buen amigo y la tristeza más salvaje, convertida, al terminar cada canción, por algún motivo inexplicable, en indudable optimismo. Pronto me hice con toda la discografía del grupo madrileño. Pocos meses después, comenzó a sorprendernos en la radio, allá por el 95, un canción cargada de esperanza: era el nuevo single de Los Secretos. En “Pero a tu lado”, la voz de Enrique Urquijo, sonaba aquellos días con una fuerza tremenda, con una sorprendente vitalidad. El fallecido líder de Los Secretos, encabezaba ese disco, titulado “Dos caras distintas”, con un mensaje premonitorio: “He muerto y he resucitado / con mis cenizas / un árbol he plantado / su fruto ha dado...”. Y así fue. Enrique se marchó por la puerta más silenciosa. Bajó la guardia tan sólo unas horas y la miseria no perdonó, llevándoselo para siempre. Y su figura, que ya era grande, se hizo mito. Y del mito nació la legión de fans que hoy tienen Los Secretos. Así es como volvió, esta vez, por la puerta grande. Contando con el reconocimiento casi unánime de artistas, críticos y miles de seguidores. Los bonito de los buenos artistas es que cuando se largan sin avisar nos queda siempre el consuelo de su obra. Enrique amaba la música. Y la entendía como una forma de dibujar el sentimiento. Así le gustaba llegar a la gente y así se curaba él sus malos momentos. A pesar la creciente actividad de Los Secretos, no dudó en abrir un camino paralelo con Los Problemas cuando notó que el ansia de creación artística no quedaba saciada con su grupo. Desde su marcha tenemos un cierto vacío creativo en la música pop nacional. La labor de su hermano Álvaro, ahora al frente de Los Secretos, es impecable y envidiable. Pero la magia de Enrique no puede volver. Tal vez vemos reflejados algunos detalles en amigos suyos como Antonio Vega y en su apuesta personal, Quique González, que sufre la eterna comparación con Enrique. Para bien o para mal. Al fin y al cabo Quique González regaló a Enrique la letra de una de las canciones más bonitas que se han escrito en castellano. Tema que se convirtió en una de las mejores interpretaciones que el fallecido líder de Los Secretos pudo llevar a cabo: hablo, naturalmente, de “Aunque tu no lo sepas”. He querido recordar hoy a Enrique Urquijo porque esta semana se ha presentado su primera biografía. Lleva por título “Adiós tristeza”. Y cuentan, quienes la han leído ya, que es una aproximación sin límites a la vida de Enrique, tratando de entrelazarla con la evolución de sus canciones. Guardo mis reservas sobre el resultado del libro porque aún no he podido leerlo. Pero tengo ciertos temores cuando un autor repasa la vida, a veces turbulenta, de un mito como Enrique Urquijo. Y más cuando se nos advierte que lo hace sin miedos ni reservas. Creo que hay una parte de la biografía de Enrique que no interesa a nadie y que no aporta nada. Hay cosas que es preferible guardar en una caja, como pidió indirectamente su familia, para centrarnos en lo realmente importante. Sus ganas de luchar por salir adelante y su pasión por canalizar hacia algo bueno sus malos momentos. Así es como logró transformar los quebraderos de cabeza provocados por su tremenda sensibilidad en canciones inolvidables. Confío en que esta biografía, llamada como una de sus canciones, “Adiós tristeza”, sepa reflejar esto y dejar de un lado todo lo accesorio. Eran, en cualquier caso, unas páginas necesarias en nuestras librerías. Porque Enrique Urquijo es y ha sido siempre, uno de los dos o tres personajes clave de los años de la Movida y de la evolución del pop de los 70 hasta hoy y de la totalidad de la historia de la música pop española.