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Política

Carlos Carnicero sostiene que Miguel Barroso ha hecho de ‘Celestina’ entre Zapatero y Pedro J. Ramírez, con una misteriosa periodista de por medio

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El periodista Carlos Carnicero asegura que la relación entre José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro J. Ramírez tiene un “padre”: Miguel Barroso, el ex secretario de Estado de Comunicación y marido de la ministra de Defensa, Carme Chacón. Dice que su acercamiento comenzó cuando el ahora consejero delegado de Young & Rubicam tenía despacho en La Moncloa.

Carnicero desvela en su blog cómo se ha fraguado la aproximación del director de El Mundo al presidente del Gobierno. Barroso fue, según el colaborador de la Cadena SER, el muñidor de todo. Se refiere a él como “un hombre que siempre ha tenido un poderoso ascendente sobre el presidente Zapatero y que forma piña con el clan que durante mucho tiempo se ha reunido los domingos en La Moncloa, para jugar al basket con Zapatero en el verdadero consejo de ministros”.

Esta es la historia de la relación Zapatero – Pedro J., con Barroso de por medio, que cuenta Carnicero:

-- Recién llegado José Luis Rodríguez Zapatero a La Moncloa, al secretario de Estado de comunicación le rondaban dos preocupaciones. La primera, “blanquear televisión española”. Esa es la expresión que utilizó conmigo. La segunda, ampliar el número de licencias de televisión en abierto para adjudicar una al grupo Prisa y la otra a sí mismo, a través de sus pactos y entendimientos con José Miguel Contreras, amigo y participante con Barroso en peripecias televisivas y de asesoramiento político. Naturalmente, Miguel Barroso no tiene a su nombre ninguna acción de la empresa propietaria del ese canal de televisión. Faltaría más.

-- Por aquel entonces, el secretario de estado de comunicación Miguel Barroso estaba en trámites de separación y Pedro J. se apresuró a ofrecer un importante contrato de periodista a la que pronto sería ex mujer del asesor de Zapatero, que luego contraería matrimonio con la actual ministra de Defensa, Carme Chacón. Sin duda, un alivio económico para quien se separaba con hijos.

-- En un mundo sutil en donde los favores se confunden con los méritos, no seré yo quien discuta la capacidad profesional de la persona contratada, pero lo que no cabe duda es que los favores Pedro J. los cobra. Y además me parece que la persona contratada, una profesional del periodismo competente, hace bien el trabajo que se le encomendó. Ni un pero para ella. Que nadie entienda en esta información que se pone en cuestión la capacidad profesional de la ex mujer de Barroso. Lo que se indica aquí es la largueza de miras del director de El Mundo. Sus páginas están llenas de personas que le tienen que estar agradecidas, y eso él lo maneja como nadie.

-- En una entrevista de las muchas que tuvimos entonces, Miguel Barroso me pidió, “de parte del presidente”, un favor muy especial: que participara asiduamente en un programa que se iba a llamar ‘59 segundos’ (naturalmente producido en los primeros y largos tiempos por su íntimo amigo Contreras), en donde se iba a dar entrada a la derecha más dura, para demostrar la diferencia de talante de Rodríguez Zapatero en la utilización de la televisión pública. Como siempre, la bonhomía del presidente tenía retranca.

-- La frase textual que empleó conmigo el secretario de comunicación fue esta: “El presidente y yo creemos que el único periodista que le puede parar los pies en ese programa a Pedro J. Ramírez eres tú”. Ciertamente, un halago referido a una disputa con uno de los periodistas más temidos de este país por la forma en la que utiliza la información como un estilete para su conveniencia.

-- Yo por aquel entonces vivía en La Habana y la petición de hacer dos programas consecutivos al mes en ‘59 segundos’ entorpecía gravemente mis proyectos, pero, por otra parte, tener un cara a cara con el periodista que yo considero más amoral de este país tenía para mi un gran atractivo. Hervía entonces la conspiración organizada por El Mundo alrededor del 11-M y todavía estaba reciente la petición expresa del voto a favor de Mariano Rajoy del director de El Mundo en plena jornada de reflexión en la que Pedro J. insistía que el autor de la masacre de Atocha había sido ETA (consúltense, por favor, las hemerotecas)

-- Accedí con dos condiciones. La primera, que yo me pagaría los viajes desde La Habana para que nadie aduciera trato de favor. Y, la segunda, que mi retribución por participar en el programa tenía que ser exactamente la misma que la del director de El Mundo. Dije que esa era una cuestión de principios innegociable. Que no me importaba la cantidad sino la equidad. Si se trataba de desguazar dialécticamente a Pedro J. me parecía irrenunciable que la retribución fuera la misma. Así se me garantizó.

-- Entonces no sabía yo que ya se había iniciado el idilio entre Pedro J. y Zapatero, con Barroso como Celestina. Como el secretario general del PSOE, que es obvio recordar que era diputado en el Congreso cuando explotó el asunto del GAL, nunca se ha considerado solidario con el partido que heredó de Felipe González, su acomodo a la amistad con Pedro J. no ofreció reparos morales. Muchos socialistas con edad suficiente entenderán a lo que me refiero: Pedro J. hizo todo lo que estuvo en su mano y más, para en convivencia con Baltasar Garzón tratar de que el presidente constitucional de España, Felipe González, acabara en prisión.

-- Comenzó el programa y cumplí mi parte. Tengo que decir que la disfruté y que aquellas discusiones en antena con quien tanta capacidad tenía y tiene para decir una cosa y la contraria me produjeron muchas satisfacciones personales. Y además, ver a Pedro J. llegar con sus guardaespaldas, en coche blindado, mientras yo llegaba en un taxi, alimentaba en mi una especie de vocación de David frente a un Goliat de los medios de comunicación. Me sentí cómodo en aquellas broncas que sinceramente creo que casi siempre gané por goleada.

-- Ocurrió que me enteré un día que después de una discusión memorable sobre la utilización que del 11-M hacía El Mundo, al salir del programa, Pedro J. Ramírez se dirigió, como tantas veces después, a cenar mano a mano con el presidente de Gobierno. Y yo me enteré porque en este Madrid de alcahuetes no hay secretos que cien años duren.

-- Y yo me dije a mi mismo: basta de que yo me bata dialéctica con el director de El Mundo, que es para mi la manifestación menos respetable del periodismo más amarillo, y que el presidente del Gobierno y Miguel Barroso le den puntos de sutura y cariñitos en La Moncloa. Me sentí utilizado y decidí salir de esa situación sin escándalo, en silencio y sin dar otra explicación de que no me apetecía seguir asistiendo al programa. Tuve muchas llamadas para que reconsiderara mi posición pero es evidente que no lo hice. Y hasta allí llegó mi participación en ese programa en el que recibía una importante cantidad de dinero por cada participación. Eso si, un año después de abandonar el programa -y por lo tanto sin que tuviera ninguna relación con mi decisión de retirarme- me enteré de que Pedro J. Ramírez cobraba tres veces más que yo. Ni en eso fue honrado Miguel Barroso. Mintió en todo lo que me dijo. Hasta me engañó en la única condición que puse.

-- Otro día explicaré como el presidente de Televisión Española, Luis Fernández, recién llegado a su puesto, en una comida en Currito, en la Casa de Campo, me sondeó para ver si me interesaría dirigir un periódico que entonces se estaba preparando: Público. Y yo le dije sorprendido: “pensaba que ese proyecto no era de televisión española”. Relaciono este hecho porque el nombramiento de Luis Fernández en RTVE fue obra personal de Miguel Barroso, quien cuando ya no era secretario de estado de comunicación, y utilizaba la dirección de la Casa de América para sus encomiendas políticas y personales por Latinoamérica, visito a Luis Fernández en Miami para ofrecerle televisión española. Los amigos de Barroso y de Fernández siempre están en la pole position del poder de Zapatero. Pero esa es otra historia de cómo los amigos de Zapatero se han hecho ricos en la cercanía del poder que podré contar otro día.

-- Lo cierto es que una amistad entre el presidente de Gobierno y Pedro J. Ramírez, que fue planificada, teniendo también en cuenta intereses personales y familiares, por Miguel Barroso no sólo ha perdurado hasta nuestros días sino que ha culminado en el hecho de que Zapatero rara vez toma decisiones importantes sin contrastarlas con el director de El Mundo. ¡Qué le vamos a hacer si la ética de la conveniencia ha sustituido a la ética de los principios! Estamos en una era en el que el posibilismo ha desplazado a las ideologías.

Carnicero asegura que “el presidente de Gobierno ha terminado en manos de Pedro J. Ramírez, que además presume privada y públicamente de su ascendiente sobre el presidente de Gobierno. […] Ahora está de asesor y psicólogo de cabecera de un presidente del Gobierno que será apuñalado porque es sabido que el escorpión usa el aguijón por la única razón de que lo tiene incorporado a su anatomía.

Puede consultar el blog de Carnicero pinchando aquí.

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