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Política

El nuevo estilo del director general de la Guardia Civil: se aleja de los “pretorianos”, cara a cara con los agentes y “escapadas”

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El nuevo director general de la Guardia Civil, Joan Mesquida Ferrando, lleva sólo tres meses al frente de la institución pero ya ha dejado traslucir algunos rasgos sobre su modo de proceder, que tiene muy sorprendidos a propios y extraños.

La llegada de Joan Mesquida Ferrando a la dirección General de la Guardia Civil estuvo acompañada de gran expectación y recelo por parte de algunos sectores del Instituto Armado. Sin embargo, Mesquida ha demostrado, en los escasos tres meses que lleva en el cargo, que está dispuesto a imponer su propia personalidad para afrontar los problemas que le van saliendo al paso en el día a día de su trabajo al frente de la Benemérita.   Según datos recogidos por El Confidencial Digital en su propio entorno, Mesquida se está ganando fama de independiente y, en ocasiones, logra distanciarse de lo que se conoce como la “guardia pretoriana” de Guzmán el Bueno: el equipo de colaboradores que le acompaña diariamente.   Según informan algunos observadores del Cuerpo, este factor suele ser uno de los principales elementos de presión que soportan los responsables de la Benemérita que, en la mayoría de los casos, agotan su mandato sin salir de esa “burbuja” de mandos y directores de los que se hacen acompañar, sin aproximarse a la vida real de los agentes.   Una de las fórmulas que emplea Mesquida para escapar de la presión en la sede central de la Benemérita es marcharse muchos fines de semana a Palma de Mallorca, logrando de este modo desconectar de toda la vorágine que le rodea en el día a día de escoltas, problemas y reivindicaciones.   El nuevo director es partidario de la cercanía con los agentes. Muestra de ello es que suele acercarse a conversar privadamente con los guardias que encuentra durante su labor diaria y en los viajes que efectúa. Se interesa por sus cuestiones, pregunta y escucha. Atiende al más mínimo detalle y memoriza lo que le relatan. De su forma de funcionar se trasluce que le gusta conocer de primera mano los asuntos.   Para ilustrar estar actitud de cercanía, nada mejor que el episodio acaecido hace unas semanas. El pasado 9 de julio, ciudadanos de Palma de Mallorca que acudían diariamente al Cuartel provisional de la Guardia Civil de Palmanova denunciaron las malas condiciones en que se encontraban los calabozos del mismo, una circunstancia que obligaba a los agentes a esposar a los detenidos en un banco.   Los guardias que trabajan en ese cuartel, que será sustituido por uno nuevo, el de Calviá, se quedaron muy sorprendidos cuando al día siguiente de saltar a la luz pública la noticia, se presentó en el recinto el propio Mesquida, en persona, que se encontraba en la zona para la entrega de una nueva patrullera para el Servicio Marítimo. El director general quiso comprobar sin intermediarios la veracidad de la información. “Es una indignidad, para los guardias civiles que tienen que trabajar allí” se le oyó decir después.   Otro dato que llama la atención es que Mesquida parece ser muy consciente del tiempo que le costará hacerse con el funcionamiento de la Benemérita. De ahí que se esté reservando aún su opinión personal sobre muchos temas. No obstante, ya ha manifestado en alguna ocasión su descontento con algunos modos de proceder dentro del Instituto Armado.   Así, por ejemplo, es muy poco partidario de justificar las cosas con un “es que siempre se ha hecho así”, expresión utilizada con cierta frecuencia por algunos mandos de la institución cuando le rinden cuentas sobre algunas actuaciones. “A mi de qué me sirve que me saquen a relucir órdenes ministeriales de los sesenta”, le han oído decir en alguna ocasión quienes trabajan codo con codo con él.