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Política

Guerra abierta entre IU y el presidente del Congreso: nuevas acusaciones de “vedettismo” y críticas a los pupitres informáticos

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Lo venimos contando desde hace meses. En Izquierda Unida no gusta en absoluto la actitud de Manuel Marín, presidente del Congreso. Pasado el verano y estrenadas las reformas realizadas en la Cámara Baja, los comentarios críticos han arreciado.

Lo venimos contando desde hace meses. En Izquierda Unida no gusta en absoluto la actitud de Manuel Marín, presidente del Congreso. Pasado el verano y estrenadas las reformas realizadas en la Cámara Baja, los comentarios críticos han arreciado.

 

Desde la federación que dirige Gaspar Llamazares se censuran, en primer lugar, las formas. En la calle Olimpo se rechaza por completo la línea de actuación de Marín. “Se considera un hombre prestigiado que dirige grupos parlamentarios poco serios, rigurosos, escandalosos. Nuestra opinión es que sólo habrá un presidente prestigioso cuando el parlamento y los parlamentarios sean prestigiosos, es decir, que debe bajarse del pedestal”, explican.

 

En el grupo parlamentario también hay voces críticas con el presidente. “Él es el centro de todas las discusiones y monta las broncas, algunas innecesarias. Parece como si no aceptara ni a su propio grupo parlamentario, el socialista. Ese enfrentamiento “ad intra” lo pagamos los grupos más modestos”, asegura en privado una persona de confianza de Llamazares, llamando la atención sobre el principal motivo de enfado.

 

A juicio de IU, Manuel Marín tiene una obsesión con los grupos pequeños y anda dándole vueltas –como ningún presidente del Congreso anterior- al tema de la proporcionalidad y el presupuesto económico dedicado a cada formación.

 

El último punto de fricción que se destaca desde IU es el tema de las obras realizadas en el hemiciclo. Para los políticos de la federación, lo que se ha hecho en el Pleno del Congreso es un escándalo y una aberración. “En un edificio tan noble como ese, de 150 años, no debía haberse cometido esta atrocidad. Es una barbaridad. Ese inmueble debía haber quedado como zona distinguida para el debate político”.

Pero los nuevos pupitres informáticos tampoco gustan en IU por la propia dinámica que puede generar en el trabajo diario. “El valor de un parlamento es el debate cara a cara, mediante la confrontación de ideas de los diputados, sin añadidos. Uno se prepara su intervención, se documenta, y discute. Ahora –argumenta un destacado parlamentario- los asesores se convertirán en protagonistas a través de las pantallas: ‘pregúntale esto, dile que precise lo otro…’ Eso no es de recibo”.

IU considera que con la reforma promovida por Manuel Marín los diputados han pasado a ser meros “voceros” y “aprieta botones”, “porteadores de voz” de lo que le digan por abajo. “Sólo nos va a faltar el pinganillo, para recibir en el oído las consignas”, añaden con sorna.