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Política

Pleno de investidura: Zapatero llevó la iniciativa, Mariano Rajoy estrenó un estilo de oposición tranquila y sin beligerancia

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El Pleno de investidura de Rodríguez Zapatero ofreció ayer al primer duelo entre el candidato y el líder de la oposición tras las elecciones, y ya se pueden sacar unas primeras conclusiones: Zapatero está crecido y Rajoy prefiere un estilo plano y sin crispación.

Un resumen de lo ocurrido ayer en el Congreso de los Diputados es el siguiente:

-- Zapatero llevó la iniciativa. Fue quien planteó los asuntos y estuvo más en forma. Se le notó seguro, y hasta divirtiéndose durante la sesión.

-- Rajoy se mostró comedido, en ocasiones casi pidiendo “disculpas” por las críticas o ataques al candidato. Si éste va a ser el estilo de oposición para la legislatura, la cosa está bastante clara: no habrá crispación.

-- Repitió argumentos anteriores, como que Zapatero no es de fiar: hace cuatro años, en la investidura, realizó promesas que no cumplió (por ejemplo, bajar la presión fiscal), y a cambio abordó asuntos que ni mencionó entonces (como la negociación con ETA), pero el tono fue poco agresivo. En ningún momento se “fajó” con su rival, y se le notó que no quería montar ningún rifirrafe.

-- Por el contrario, Zapatero, que teóricamente subió a la tribuna para solicitar consenso, y que había anunciado su voluntad de llegar a pactos, estuvo incluso más combativo que Rajoy.

-- Así aludió en más de una ocasión al resultado de las generales (como echando en cara a Rajoy su derrota) e incluso acusó a su interlocutor de cuestionar sus credenciales para pedir la investidura. Le echó en cara su alusión a que, si ganaba, pediría a Zapatero la abstención.

-- Con malicia, le preguntó quién le había preparado el diagnóstico sobre la situación económica, porque “ha tenido usted tantos portavoces de economía…”. Igualmente aludió a que había “otros diputados” a los que les habría gustado ser ellos quienes protagonizaran el debate de investidura.

-- Rajoy se detuvo en argumentos manejados durante la campaña, como la descripción de la pésima situación de la economía, y volvió a apoyarse en el tema de la inmigración, que tan buenos ecos mereció entonces.

-- La cuestión del agua (con referencias a las restricciones en Barcelona) fue un asunto estrella. La acusación partió de Rajoy, y se notó que “escocía” porque Zapatero quiso responder en varias ocasiones.

-- Se notó que Zapatero tiene “prisa” por lograr un pacto con el PP sobre la renovación del Tribunal Constitucional y del Consejo del Poder Judicial. Por el contrario, la oposición respondió reclamando un “pacto global” sobre la Justicia, que no se reduzca a cargos sino que incluya otros muchos aspectos que tienen que ver con la eficacia, la rapidez, etc.

-- Rajoy se declaró partidario de llegar a pactos sobre terrorismo, modelo de Estado, financiación autonómica, Justicia, política exterior, pero a “hablar en serio”. “Si usted me llama, iré”. Y añadió que fuera “lo antes posible”.

-- En los dos casos, estuvieron mejor en las réplicas que con el discurso inicial. El que pronunció Zapatero fue aburrido, sin sorpresas, con declaraciones generales y apenas sin concretar casi nada. Sobre todo no perfiló en qué consistían sus ofertas de pactos.

-- Zapatero demostró que se había preparado bien el debate. Por el contrario, Rajoy se escudó en la falta de tiempo que marca el reglamento para justificar que no entraba en más asuntos o más a fondo, a pesar de que José Bono no le llamó la atención sobre la duración de sus intervenciones.

La sesión dio ocasión a la nueva portavoz parlamentaria del PP, Soraya Sáenz de Santamaría a estrenarse como tal. Compareció ante los periodistas y se expresó con soltura y seguridad.

Televisión Española retransmitió en directo el Pleno. En más de una ocasión ofreció planos de las esposas de los dos contendientes, Sonsoles Espinosa y Elvira Fernández Balboa, que siguieron la sesión desde la tribuna de invitados